19 de Septiembre de 2018

Opinión

Ecosistemas

En combinación con la biodiversidad, generan un abundante despliegue de beneficios.

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El cambio climático está afectando gravemente a los ecosistemas y por lo tanto a los enormes beneficios que ellos proveen a la sociedad, nulificando su capacidad de amortiguar los impactos de eventos extremos, como los incendios forestales, las inundaciones y las tormentas severas.

Asimismo, ya son evidentes los impactos del cambio climático sobre la biodiversidad, como puede observarse en la alteración del momento en que ocurren ciertos eventos biológicos críticos, tales como el arranque de los brotes primaverales, o en los cambios sustanciales que está experimentando el registro de muchas especies de seres vivos. A largo plazo es predecible un aumento en el riesgo de extinción de numerosas especies. La sequía, los brotes de plagas directamente asociados al cambio climático y que son cada vez más difíciles de combatir. Todos estos eventos están ya alterando los ecosistemas.

Estos cambios tienen efectos sociales, culturales y económicos muy importantes, y están limitando la capacidad de los ecosistemas, como los bosques, las barreras vegetales en la duna costera, los manglares y la ciénaga, entre otros, de continuar desempeñando un papel preponderante en la reducción de los impactos que sufrimos las comunidades de seres humanos, la infraestructura y muchos otros recursos de alto valor.

Adicionalmente a los impactos directos, las decisiones sociales y políticas acerca del uso del suelo y las prácticas agrícolas vigentes están afectando los ciclos naturales del carbono, nitrógeno, fósforo, sulfuro y otros elementos que también ejercen una relevante influencia sobre el clima. Estas decisiones pueden afectar, positiva o negativamente, la tasa y la magnitud de los cambios inducidos por el clima y la vulnerabilidad de los sistemas naturales.

En un ecosistema se vinculan todos los seres vivos de un área, pero también las cosas “no vivas” con las cuales aquéllos interactúan, como el aire, el suelo, el agua e incluso la luz solar. La biodiversidad se refiere a la cantidad de especies, formas de vida, tipos genéticos, hábitats y biomedios.

Los ecosistemas, en combinación con la biodiversidad, generan un abundante despliegue de beneficios de los cuales depende la población, como la industria pesquera, la disponibilidad y calidad del agua potable, suelos fértiles y apropiados para el crecimiento de los cultivos, regulación natural del clima o inclusive valores intangibles como la inspiración y otros valores estéticos y culturales que van ligados al paisaje. A toda esta gama de beneficios es a lo que llamamos los “servicios de los ecosistemas”.

Estos servicios contribuyen a generar empleos, al crecimiento económico, a mejorar la salud humana y el bienestar de la población, y por eso debemos estar siempre pendientes de proteger los ecosistemas en la región donde vivimos y nos desarrollamos. Conviene valorar y conocer la profunda interrelación entre todos los factores presentes, e informarnos bien acerca de cómo podemos conseguir que los ecosistemas mejoren su capacidad de resiliencia ante los impactos del cambio climático.

Podemos hacerlo, nos conviene hacerlo. ¡Hagámoslo!

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