23 de Octubre de 2018

Opinión

Eduardo Ovando se despide del PRI

La anticipada renuncia de Eduardo Ovando cala hondo en el Tricolor, pues es uno de sus políticos más solventes.

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A más de seis meses de la hecatombe electoral del pasado cinco de junio, el buque del priismo quintanarroense se sigue hundiendo en las aguas del mar Caribe y sus figuras siguen saltando del barco intentando salvarse del destino que les aguarda. Esta semana, uno de sus líderes icónicos, el ex senador Eduardo Ovando Martínez, renunció a toda una vida de militancia y se llevó con él a toda su “red” de simpatizantes.

La anticipada renuncia de Eduardo Ovando cala hondo en el Tricolor, pues es uno de sus políticos más solventes que caería en brazos de una linda Morena, con todo para crecer como huracán de máxima categoría.

Eduardo Ovando, un chetumaleño que recorrió todos los cargos públicos y acarició la gubernatura en algún momento de su carrera, permaneció en el Tricolor a pesar de la catástrofe hasta que abandonó discretamente el barco tricolor.

Pero al percatarse de que en el PRI no hay ánimo de limpiar la casa y de que las posibilidades de su partido de dar batalla en las elecciones de 2018 que están a la vuelta de la esquina son nulas, tomó una decisión que profundiza la crisis tricolor.

Porque Eduardo Ovando no se va solo y arrastra con él a varios líderes que crecieron bajo su cobijo y a un nutrido grupo de simpatizantes que lo seguirán a donde vaya, sobre todo ahora que el PRI es un ejército derrotado y con la moral bajísima.

De concretarse el salto de Eduardo Ovando al regazo de Morena sería un ganar-ganar, pues el partido de Andrés Manuel López Obrador recibiría un batallón de élite como refuerzo, y Ovando tendría el camino abierto para nuevas posiciones políticas en 2018, año en el que Morena será el rival a vencer en las elecciones presidenciales en las que El Peje Obrador parte como amplio favorito.

El 2016 quedará en la historia como el “año triste” del PRI en Quintana Roo tras perder la histórica hegemonía política que mantuvo a lo largo de cuatro décadas, para caer en un abismo de descrédito y desprecio social debido a la rapacidad y excesos de su más reciente generación de políticos que actuaron no solo como insaciables depredadores del erario, sino también como virreyes de la época colonial que utilizaron el poder para cumplir todos sus caprichos y deseos.

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