21 de Mayo de 2018

Opinión

Educación vial y reacciones al peligro (1)

Ninguna persona que esté al volante de un vehículo está libre de una amplia gama de peligros que muchas veces ocurren por causas ajenas a él.

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Todos los días vemos noticias sobre todo tipo de accidentes viales; muchas veces son realmente sorprendentes los efectos de estos accidentes, sobre todo por la magnitud de los daños resultantes e, incluso, los lesionados y fallecidos.

Más de una vez me he referido a la falta de una completa educación o adiestramiento a quienes pretenden ser conductores y ahora quisiera referirme a un importante resultado de esta falta de adiestramiento, que es el no saber cómo reaccionar ante eventualidades de todo tipo, ya que hasta al mejor conductor se le puede presentar en cualquier momento y de manera intempestiva una situación de peligro, del que, si no sabe cómo reaccionar en forma adecuada, las consecuencias pueden ser desastrosas. 

Ninguna persona que esté al volante de un vehículo está libre de una amplia gama de peligros que muchas veces ocurren por causas ajenas a él, pero, cuando no hay una buena capacitación, al conductor le resultará difícil decidir, con rapidez y eficacia, lo que tiene que hacer ante una eventualidad, ya que, cuando éstas se presentan, no hay tiempo para pensar lo que se debe hacer, sino que debemos estar adiestrados para reaccionar adecuadamente cuando ocurran, ya que no hay tiempo para pensar “lo que hay que hacer”, simplemente hay que hacerlo y con la rapidez que la situación de peligro demanda.

Es decir, la buena respuesta, más que de una buena actitud, es resultado de la aplicación de una “decisión preparada” de antemano, y lo terrible es que cuando el conductor no tiene estas “decisiones preparadas”, seguramente reaccionará de manera inadecuada e incluso altamente peligrosa, cuyas consecuencias pueden ser irremediables.

Todos debemos conducir con un sistema de “alerta” que nos ayude a reaccionar adecuadamente ante situaciones imprevistas de peligro. En nuestras mentes debe estar registrada la posibilidad de ocurrencia de eventualidades, especialmente las más graves, así como saber cuál es la maniobra adecuada para reaccionar ante estos eventos. En pocas palabras, al conducir hay que saber reaccionar, qué hacer, cuándo hacerlo y cómo, por lo que debemos practicar repetida y mentalmente las formas, hasta que se conviertan en un repertorio de hábitos de respuesta. Seguiremos.

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