12 de Noviembre de 2018

Opinión

El abogado del Diablo

George Kneale dejó con una certeza irreprochable que Alice tenía la razón y eran los rayos X los que estaban conduciendo a los niños al cáncer.

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En 1950, cuando aún era extraño encontrar mujeres en la medicina, apareció en Oxford una doctora brillante llamada Alice Stewart. 
Su pasión se encontró con el naciente campo de la epidemiología, el estudio de patrones –sucesos recurrentes- en la medicina. Se propuso  descifrar por qué, si la mayoría de las enfermedades están relacionadas con la pobreza, el cáncer en la niñez era más frecuente en las familias pudientes.
Alice tuvo problemas para fondear su investigación, así que tenía que encontrar el patrón y rápido: ¿qué estaban haciendo estos niños adinerados que los condujo al cáncer? ¿Comieron muchos dulces? ¿Refrescos con colorantes? ¿Fue el pescado o la comida chatarra? 
La Dra. Stewart hizo muchas preguntas y una respuesta emergió con una claridad estadística envidiable: las madres de los niños con cáncer habían sido expuestas a rayos X durante el embarazo.
Había un problema… los rayos X eran el avance tecnológico de la época. Alice desafió a la comunidad médica que miraba con entusiasmo esta máquina. Publicó sus hallazgos preliminares en 1956, hubo revuelo, algunos la propusieron para el Premio Nobel y, por increíble que parezca, no se tomaron medidas. 
Fue 25 años más tarde cuando las autoridades médicas, reconociendo su trabajo, suspendieron el uso de los rayos X en mujeres embarazadas. 
La Dra. Stewart sufrió, por más de dos décadas, cuestionamientos de sus colegas más reconocidos que pusieron en duda sus estudios… ¿cómo logró permanecer tan segura de que tenía la razón?
Su secreto fue encontrar y asociarse con un abogado del Diablo, una persona tan inteligente como ella que fuera capaz de investigar y demostrar exactamente lo contrario. Fue un estadístico llamado George Kneale y tenía un solo propósito, como él mismo declaró: “Mi trabajo es demostrar que la Dra. Stewart está equivocada”. 
George se dedicó con todo el rigor científico y su pasión por los números a lograr su objetivo y, tras no conseguirlo, dejó con una certeza irreprochable que Alice tenía la razón y eran los rayos X los que estaban conduciendo a los niños al cáncer. 
No hay mejor aliado que quien te lleva la contraria y es capaz, con inteligencia, de demostrar que estás equivocado. No hay mejor alianza para el éxito que quien trabaje en dirección opuesta y desempeñe el papel de abogado del Diablo.

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