20 de Septiembre de 2018

Opinión

El agua está en peligro

Menos del 1 por ciento de los recursos de agua dulce del mundo están disponibles para el consumo.

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Recuerdo muy bien un fragmento de un poema del ilustre tabasqueño  Carlos Pellicer Cámara sobre el agua: “Más agua que tierra aguaje, para prolongar la sed, la tierra vive a merced del agua que suba o baje” y hoy en las tierras del Mayab lo comparo con los cenotes.

Para entender la problemática del agua es importante echar una primera mirada a la geografía del país.

Desde un punto de vista simplista, podría decirse que México se caracteriza porque dos terceras partes de su superficie territorial, específicamente las zonas centro y norte, son de climas áridos y semi-áridos. La tercera parte restante es de clima tropical. Aunque el 70 por ciento de la superficie del mundo está cubierta de agua, solamente el 2.5 por ciento es dulce.

Casi el 70 por ciento del agua dulce está congelada en los glaciares, y la mayor parte del resto se presenta como humedad en el suelo, o yace en profundas capas acuíferas subterráneas inaccesibles.

Menos del 1 por ciento de los recursos de agua dulce del mundo están disponibles para el consumo, 17 por ciento más de agua para cultivar alimentos para las crecientes poblaciones de los países en desarrollo. El consumo total del agua aumentará en un 40 por ciento.

La tercera parte de los países en regiones con gran demanda de agua podrían enfrentar escasez severa en este siglo y, para el 2025, dos tercios de la población mundial probablemente vivan en países con escasez moderada o severa.

Las fuentes, los manantiales, las cuencas o cañadas están en acelerada vía de extinción, hay cambios de clima y de suelo, inundaciones, sequías y desertización. Pero es la acción humana la más drástica: ejerce una deforestación delirante, ignora los conocimientos tradicionales sobre todo de las comunidades indígenas locales, retira el agua de los ríos de diferentes maneras, entre otras con obras de ingeniería, represas y desvíos.

En Yucatán la cosa no está nada fácil, pues es bien sabido que sólo tenemos acceso al agua subterránea, ya que no hay ríos, lagos, lagunas  y demás, pero en cambio contamos una gran cantidad de cenotes.

Hace tan sólo unos días, quedó integrado formalmente el Comité Técnico de Aguas Subterráneas para la zona Geohidrológica Metropolitana de Mérida, que tiene como objetivo principal garantizar y promover entre la sociedad el uso responsable de dicho recurso. Yucatán aún no cuenta con una Ley Estatal de Aguas y todo se basa en la regulación contemplada en la Ley de Aguas Nacionales, la cual fue publicada en el Diario Oficial de la Federación el 1 de diciembre de 1992, situación que deja como margen de acción al nuevo comité intervenir en las tareas de identificación de fuentes de contaminación y controlar las descargas de aguas residuales hacia el subsuelo, procesos de investigación, educación y promover o impulsar el desarrollo tecnológico.

Otras de las acciones estarán enfocados a la conservación y recuperación de los servicios ambientales en las áreas de recarga, tales como selvas y cenotes, y estudiar la calidad del agua en las áreas de descarga en los humedales costeros.

El mayor porcentaje de la población nacional, así como las grandes ciudades y centros de producción industrial, ganadera y agrícola, están distribuidos en zonas áridas y semi-áridas.

Aunque el volumen total del recurso hídrico en el país es abundante, su distribución desigual afecta la disponibilidad en las zonas con mayor población y actividad económica. Esto ha generado una presión preocupante sobre los escasos recursos hídricos de las regiones áridas.

En contraste, el sur del país aglomera prácticamente el 70% de los recursos hídricos del país y alberga sólo una cuarta parte de la población nacional. Irónicamente, esta zona es la que mayor rezago evidencia frente a las demás regiones en materia de servicios de agua potable y saneamiento, y un gran porcentaje de la población, especialmente las comunidades rurales y las indígenas, sufre un alto grado de marginación social y altos índices de pobreza.

En términos nacionales, alrededor de 11 millones de personas aún carecen de acceso a agua potable y cerca de 15 millones no tienen acceso a alcantarillado.

En los países en desarrollo, entre el 90 y el 95 por ciento de las aguas residuales y el 70 por ciento de los desechos industriales se vierten sin ningún tratamiento en aguas potables y consecuentemente contaminan el suministro del agua utilizable.

Especialistas del área aseguran que nuestro acuífero está siendo contaminado de manera preocupante, situación que nos debe poner en alerta y empezar nosotros mismos a realizar acciones de cuidado de agua, y así asegurar más tiempo el uso de este vital recurso natural.

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