17 de Octubre de 2018

Opinión

El alcohol y las costumbres

Fiesta, playa, mar y alcohol, una ecuación peligrosa cuando aparece el último elemento...

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Fiesta, playa, mar y alcohol, una ecuación peligrosa cuando aparece el último elemento. Esta semana se dio una noticia de esas que aparecen cada año en polos turísticos: una menor de edad que se encontraba al interior de una discoteca cayó en manos de un hombre, que aprovechando la situación, abusó sexualmente de ella.

En diversas páginas de Internet y redes sociales como Upsocl, existen usuarios que publican y divulgan videos, frases, imágenes e historias, en las que invitan a reflexionar a los hombres sobre todo, para desistir de este tipo de actos, que al final de cuentas como muchos otros, es un delito.

Entre blogs y muros, se puede leer una frase que se ha hecho conocida entre los internautas: “Vivimos en una sociedad que enseña a las mujeres a cuidarse de no ser violadas, en vez de enseñar a los hombres a no violar”. Afortunadamente, en un sitio como Cancún, a pesar de las malas noticias, también existen historias de bondad y respeto en medio de la ecuación.

Arturo García y Javier Quijano, de 25 y 27 años de edad, respectivamente, recuerdan sus tiempos mozos en la preparatoria. Era el último año cuando empezaron a frecuentar los antros de la zona hotelera.

Ambos no son asiduos a emborracharse, disfrutan de algunas bebidas pero siempre se detienen antes de su límite; recuerdan que era un sábado, la música estaba a todo volumen, las chicas bailaban y el alcohol circulaba por todo el lugar.

Eran las 5 de la mañana, personal del antro empezaba a limpiar las mesas y a sacar a los clientes. Al salir del lugar, se percataron de que un par de jóvenes platicaba con dos chicas argentinas, ambas sentadas y apoyadas la una en la otra… estaban ebrias a más no poder.

Ambos se acercaron y las saludaron:

- Chicas, qué hacen aquí afuera, las estuvimos buscando por todo el antro.

Los tipos que las querían “conectar” se retiraron, al creer que Arturo y Javier eran los amigos de ambas. Entre balbuceos, las dos chicas argentinas lograron indicar que se hospedaban en un hotel a una cuadra de la estación de Autobuses de Oriente (ADO). Las acompañaron hasta el lugar y le preguntaron al encargado de la recepción si ellas estaban hospedadas ahí, a lo que respondió que sí; las dejaron en el sitio confirmando antes de partir que las chicas fueran llevadas a su habitación; como pudo, una de ellas agradeció a los chicos: gracias, por ustedes ahora amo más a los mexicanos.

Reflexionan y aseguran que eso es lo más satisfactorio que han hecho en su vida, porque como dice una amiga: no se necesita del exceso de alcohol para vivir una “gozadera” en Cancún. 

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