24 de Septiembre de 2018

Opinión

El “Bueno” del PAN

A Juan Carlos Pallares, la dirigencia le cayó por herencia, pues es parte del equipo que hasta hoy mantiene el control del panismo.

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Después de coronarse como vencedor en un proceso interno realizado al más puro estilo del priismo con la clásica pero antidemocrática estrategia de la planilla de “unidad”, el ex diputado federal chetumaleño, Juan Carlos Pallares Bueno, asumió formalmente la presidencia estatal del PAN para el movidito periodo 2016-2019.

Con una trayectoria política deslucida en lo general, Pallares Bueno es el primer chetumaleño que accede a esa posición de mando en el blanquiazul desde que lo hiciera José Francisco Hadad Estéfano hace una década, en el lejano 2006.

A Juan Carlos la dirigencia le cayó por herencia, pues es parte del equipo que hasta hoy mantiene el control del panismo a nivel local, y ante la salida obligada de su antecesor, Eduardo Martínez, recibió la presidencia de manera interina, aunque estaba cantado que su pretensión sería mantenerse en el mando con el respaldo de su “tribú”.

Le allanaron el camino, incluso retirando de la contienda a su único competidor, el también chetumaleño Mario Rivero Leal, quien fue obligado a conformarse con la Secretaría General so pena de ser enviado a la congeladora.

Así, sin rival alguno en el horizonte, Juan Carlos se convirtió en el “Bueno” del PAN por los próximos tres años y será el responsable de mantener la cohesión del partido de cara a los procesos electorales de 2018 y 2019, los cuáles se anticipa serán ríspidos y muy competidos.

El nuevo capitán panista no la tendrá fácil, pues estará compitiendo en terreno inexplorado para su partido. En primer lugar, ya no podrán hacer campaña como partido de oposición, pues por primera vez forman parte del gobierno como partido oficial y eso puede golpear sus aspiraciones, dependiendo del éxito o fracaso de la actual administración en los próximos meses.

Por otro lado, el matrimonio por conveniencia con el PRD podría desmoronarse por la intervención de las cúpulas nacionales que tienen diferentes cartas para las elecciones federales de 2018, y por las desatadas ambiciones de los políticos locales de ambos partidos.

A Pallares también le toca resucitar a las adormiladas estructuras del blanquiazul en el sur y centro del estado, pues estas quedaron famélicas y debilitadas tras la debacle del PAN a nivel nacional en 2012.

Son tareas que de entrada, parecen muy complejas para un político que no ha mostrado mayor talento más allá de ser “obediente” -o servil- con sus superiores jerárquicos. Tiene ahora una inmejorable oportunidad para demostrar si tiene madera de líder… o de monigote.

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