16 de Diciembre de 2017

Opinión

El capitalismo no globalizó las ofertas

En las empresas que tienen un carácter internacional, o incluso global, es cada vez más común atestiguar una disparidad muy notoria.

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Me llega un correo ayer de parte de Banana Republic Factory Store, que dice: “Obtén un 15 por ciento de descuento más en tus compras con valor superior a Dlls. $100; desde hoy y hasta el 1 de enero de 2013; oferta no válida en Banana Republic ni en la tienda en línea. Absolutamente todo en descuento hasta de 70 por ciento. Válido hasta el 1 de enero”.

En las empresas que tienen un carácter internacional, o incluso global, es cada vez más común atestiguar una disparidad muy notoria: mientras los precios de venta o precios de lista cada vez se parecen más, los precios de descuento y oferta cada día parecen ser más lejanos. Es un fenómeno ilógico que desilusiona a cualquiera.

Es común ver que una computadora tiene un precio muy similar en Estados Unidos que el que tiene en México. No obstante, cuando llega el momento de las ofertas (verano, enero, Black Friday), los descuentos son sustanciales y notorios. Cualquiera puede recordar los básicos: lleve tres y pague dos, y cosas por el estilo. Generalmente todas las marcas, incluso las más lujosas, participan con fuertes promociones.

En México las cosas no son así. Si bien el precio de lista efectivamente es similar; los precios de oferta son tímidamente desplegados en las ofertas de fin de año o en el Buen Fin. De hecho, durante ese fin de semana hubo tiendas que casi se burlaban del consumidor al otorgar cinco por ciento de descuento. Hubo las que colocaban el pegote de “El Buen Fin” en el cristal de la entrada para luego decirte que solo tres pares de zapatos entraban en promoción.

Me pregunto por qué el capitalismo no globalizó las ofertas. Una respuesta puede ser que el alto costo de importación reduce los márgenes en mercados emergentes, lo que si bien permite un precio de lista parejo, impide que las ofertas sean similares aquí que allá.

El problema es que con la facilidad de los viajes baratos para la clase media y popular, que cada vez es mayor, los comerciantes tendrían que empezar a tener un discurso y una estrategia de cabildeo para que en un país como México no sean afectados en el largo plazo por la disonancia que crea en el consumidor un correo como el de Banana Republic Factory Store. ¿Lo harán?

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