22 de Septiembre de 2018

Opinión

El choque electoral ha empezado

Marchita por la hambruna de liderazgos propios, la oposición abrió puertas y ventanas...

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Marchita por la hambruna de liderazgos propios, la oposición abrió puertas y ventanas a priistas que marcan el ritmo de la trifulca electoral, de ahí que no sea una exageración decir que presenciamos un choque de priistas en las posiciones más suculentas, como la gubernatura disputada por Mauricio Góngora Escalante (PRI, Verde y Nueva Alianza), Carlos Joaquín González (PAN-PRD) y José Luis Pech Várguez (Morena).

Los tres grandes atraen los reflectores, y desde este viernes Luis Torres Llanes con su renuncia al PRI se perfiló como posible candidato de la coalición PAN-PRD a la alcaldía capitalina de Othón P. Blanco al amparo de su líder Carlos Joaquín González, quien tiene manga ancha en la coalición retadora para decidir quién va como candidato en Chetumal.

PAN y PRD se debilitaron a zancadas en Quintana Roo, con liderazgos de bolsillo con los que el PRI juega a placer. Esto explica la falta de cuadros en tales partidos y su necesidad de colgarse del priista que sea con tal de ser competitivos. Y si en 2005 fue Addy Joaquín Coldwell– postulada por la coalición PAN-Convergencia–, ahora el candidato de panistas y perredistas es Carlos Joaquín González, hermano del brillante ex gobernador Pedro Joaquín Coldwell.

Mauricio Góngora, Carlos Joaquín y José Luis Pech son los protagonistas de esta guerra política. Las tres escuderías tomaron la decisión correcta, aunque en el caso de la oposición critico su dependencia total de figuras de un priismo que tanto odian, amando hasta la muerte a priistas desprendidos del árbol hasta convertirlos en dioses.  

Este comportamiento comodino es comprensible porque PAN y PRD no tienen guerreros en casa para competir, de ahí que estén condenados a sumarse al proyecto de un ex priista que imponga su agenda, como ocurre ahora con Carlos Joaquín.

En cambio, cómo sufre José Luis Pech en Morena para afianzarse en ese enjambre de trogloditas con arco y flecha. Todo por su pasado priista que lo descalifica ante militantes intransigentes cuyo único dios tropical es Andrés Manuel López Obrador, quien se desenvuelve como un Papa a bordo de su Pejemóvil, enviando al infierno hasta el avión presidencial.

A Pepe Pech le afecta mucho que López Obrador haya decidido que el anónimo Lauretino Estrella sea el candidato de Morena a la alcaldía capitalina.  Y vaya que le afecta porque el ex rector de la Universidad de Quintana Roo (UQROO) necesita refuerzos para inyectar vigor a su campaña.

Una mejor carta pudo ser el ex alcalde capitalino Hernán Pastrana Pastrana, quien es más reconocido y aceptado en el sur. Pero López Obrador tomó la peor decisión al inclinarse por un desconocido sin trayectoria, de ahí que el partido de la virgen esté fuera de combate a nivel Othón P. Blanco.

Y en cuanto a Mauricio Góngora, parte como favorito en esta contienda y tiene el futuro en sus manos. Habrá que ver el desenvolvimiento del priista en la próxima campaña para evaluar su poderío, combinado con el de su partido que nunca ha sido derrotado aquí cuando ha estado en juego la gubernatura.

Una de las incógnitas en la capital es el nombre del candidato del PRI. Porque si bien Arlet Mólgora Glover había sido encaminada a la candidatura que con justicia corresponde a Pedro Flota Alcocer, todavía no se han clarificado estas aguas en la bahía de Chetumal.

¿Acaso Luis Alamilla Villanueva sea el Plan C para Othón P. Blanco? Porque el sobrino del ex gobernador Mario Villanueva Madrid ha ganado terreno estrechando manos en colonias y comunidades, reafirmándose como una figura fresca y con tremenda credibilidad, sin discursos acartonados.

Porque si el ex priista Luis Torres Llanes es el candidato de azules y amarillos por decisión de Carlos Joaquín –desplazando al aguerrido panista Mario Rivero Leal–, entonces el PRI no puede darse el lujo de lanzar a la rival más débil. Esto si el PRI tiene la opción de reacomodar el tablero para enviar a un hombre a la pelea. 

Barras bravas en las redes

Algunos partidarios de Carlos Joaquín González (PAN-PRD) son sanguinarios en el Facebook, con tal de defender a su candidato a la gubernatura que blindan en una procesión de santo de pueblo, llamando blasfemos a quienes desempeñamos nuestro oficio sin practicar el periodismo militante.

No pretendo victimizarme, pero es válido que cuestione el comportamiento de estas barras bravas con las que no puedes razonar, y que a todo argumento responden con insultos, envolviendo en un capullo a Carlos Joaquín para que quede protegido de los demonios que según ellos practicamos un periodismo que debe ser exorcizado porque atenta contra su redentor que multiplica el PAN en el desierto.

La crítica a mi desempeño periodístico no sólo la admito, sino que la promuevo por convicción. Pero también espero que la crítica sea aceptada de ida y vuelta, y en este caso me decepciona el radicalismo de quienes se ofrecen como escudos humanos para defender de los señalamientos a Carlos Joaquín, decididos a sumar puntos para que su divinidad los tenga en cuenta si acaso llega al paraíso.

Estoy blindado contra las ofensas más viscerales, lanzadas con nombre y apellido e incluso desde el seguro anonimato. Pero quienes acribillan en el Facebook deben serenarse para combatir con argumentos, no como esas barras bravas que lanzan ese líquido amarillo en los estadios sudorosos.

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