20 de Septiembre de 2018

Opinión

El conciliábulo verde

Ha salido a la luz una intriga que sin exageración podría calificarse de traición a sus correligionarios por parte de los ex gobernadores Félix González Canto y Roberto Borge Angulo...

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Ha salido a la luz una intriga que sin exageración podría calificarse de traición a sus correligionarios por parte de los ex gobernadores Félix González Canto y Roberto Borge Angulo, que de haber conservado el poder pretendían entregarle el estado al impresentable “Niño Verde” Jorge Emilio González Martínez para el 2021.

Tenía que ser el fundador del PRI (entonces PNR), el sonorense Plutarco Elías Calles, quien pretendiera eternizarse en el poder en México a través de interpósitos presidentes, desde Emilio Portes Gil hasta Abelardo L. Rodríguez, pasando por Pascual Ortiz Rubio, hasta que llegó Lázaro Cárdenas del Río a ponerle un alto al legendario “Turco”, expulsándolo a California y destituyendo a todos sus seguidores incrustados en el gobierno. Ahí llegó a su fin el predominio del “Jefe Máximo”, periodo conocido por ello como “maximato”. 

González Canto fue un gobernante muy popular, no carente de notables logros. Carismático, amable y maestro en las artes --o artimañas—políticas, terminó su periodo con muy elevada popularidad. Sin embargo, ya desde su sucesión mostró claros indicios de su intención de establecer un poder transexenal de facto, pues “planchó” a media docena de aspirantes --entre los que se encontraba el actual gobernador Carlos Joaquín González-- para imponer a su delfín Roberto Borge Angulo, quien no era ni con mucho el más popular. 

Borge, inteligente pero carácter muy fuerte e intolerante, en varias ocasiones hizo el amago de salírsele del huacal a Félix, mas entre su pertenencia común a un grupo político y económico cozumeleño –son paisanos insulares– y la conveniencia de unir fuerzas contra la poderosa familia Joaquín acabaron limando asperezas.

A muchos analistas había extrañado la facilidad con la que Félix González aceptó ir de segundo y cargar con el peso muerto del Niño Verde en su campaña rumbo el senado, pues el quintanarroense, echando mano de su popularidad y de la estructura de su partido, logró llevar a la cámara alta a un personaje tan repudiado como el franquiciador del partido del Tucán. Just for the record… so far!

Mas si bien el primer relevo del “maximato” felixista se dio con éxito, Roberto Borge, que de por sí no era nada popular, tomó medidas y cometió omisiones que fueron agraviando crecientemente a los quintanarroenses, especialmente a los de la electoralmente muy importante capital Chetumal.

Dos severos recortes a la nómina gubernamental en sendas acciones nombradas “reingenierías” --así, con esa horrenda jerga neoliberal y empresarial: Borge estudió administración de empresas en el Tecnológico de Monterrey-- le granjearon el odio de la población. Una muy mala relación con los medios, los liderazgos tricolores y la oposición no maleable acentuó la pésima percepción final de su sexenio recortado a poco menos de cinco años y medio.

Quizá la poderosa maquinaria territorial del PRI le hubiera permitido continuar con el maximato de González Canto de no ser por dos factores: el aspirante priista con mucho mejor posicionado era el diputado federal José Luis “Chanito” Toledo Medina –quien a la postre demostraría no ser hechura de Borge sino de su padre, el íntegro luchador social Marciano “Chano” Toledo Medina, acreedor de su cariñoso mote–, quien se habría negado a prestarse a la ulterior entrega de la gubernatura al Niño Verde pactada por Félix y Beto, quienes conservarían su cuota de poder y se cubrirían las espaldas por otros seis años, por lo menos, por lo que la postulación PRI-PVEM recayó en el incondicional del primero Mauricio Góngora Escalante, quien perdió estrepitosamente; el otro factor está a la vista: marginado e injustamente excluido sin guardar las mínimas formas Carlos Joaquín abandonó el PRI y se postuló por una coalición opositora, capitalizando tanto su buena imagen como los enconos contra Borge. Ya parecían excesivas las concesiones electorales a los verdes, empezando por el gobierno de Cancún. Así fue como la traición, el conciliábulo con el infausto parásito verde no llegó a consumarse.

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