19 de Junio de 2018

Opinión

El cuidado de nuestra costa

Una preocupación en esta temporada es la cantidad de basura que personas tiran en la playa sin preocuparse del daño que ocasionan.

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Como buenos yucatecos en esta temporada aprovechamos para disfrutar a plenitud de nuestras hermosas playas. 

Para muchos la playa es sólo un espacio de arena pegado al mar. Sin embargo, la costa es uno de los ecosistemas más complejos de nuestro planeta, ya que convergen en él varios tipos de especies de flora y fauna que no podemos encontrar en todo sitio. 

La zona de playa es un espacio regulado por normas ambientales incluidas en la Ley General de Bienes Nacionales, que recientemente sufrió algunas adecuaciones para beneficiar en mayor medida a las islas, zona federal marítimo terrestre, ciénaga y esteros. Resulta muy lamentable como algunos propietarios de predios veraniegos ubicados frente al mar destrozan literalmente la vegetación que conforma la línea de la primera duna costera, muchos de ellos a sabiendas de que esa vegetación es la que retiene la arena y permite  preservar nuestras propiedades edificadas a la orilla del mar. 

Una preocupación en esta temporada es también la cantidad de residuos sólidos que personas sin escrúpulos tiran en la playa sin preocuparse del daño que le están ocasionando a nuestro ambiente y en algunas ocasiones propician accidentes a los bañistas que, sobre todo los domingos, abarrotan los puertos yucatecos.

Hace algunos años una de mis hijas me preguntó: ¿Papá que son esas conchitas de colores que están en la orilla del mar?, desconcertado le pedí que me las enseñara, caminamos hasta la orilla y grande fue mi sorpresa al ver que había un sinfín de corcholatas de metal de refresco y cerveza que con el reflejo del sol destellan varios colores. 

Técnicamente hablando una corcholata de metal tarda en degradarse unos 50 años y su material expuesto directamente a la salinidad se corroe y se convierte en metal altamente infeccioso y si alguien se llegara a cortar con una de estas piezas corre el riesgo de contagiarse de tétanos. 

Otra de las atrocidades que cometemos en las playas es que dejamos montones de bolsas con basura, botellas de plástico y vidrio y hasta huesos de pollo que en minutos se llenan de insectos y al paso de las horas se pudren y contaminan el sitio. 

Estos contaminadores de la costa, cuando alguien les cuestiona su proceder, se molestan y culpan al gobierno porque no pone los botes suficientes en la playa y ponen como excusa que los pocos botes que hay están muy lejos y ellos no van a caminar hasta allá con toda su basura, que la solución es que la autoridad coloque más botes y éstos se ubiquen cerca de puntos de concentración masiva y así ellos ya no dejarían la basura tirada en la playa. Esta acción es para mí una verdadera muestra de falta de criterio y de respeto a todos los demás. 

Lamentablemente somos menos los que al terminar nuestros alimentos recogemos los restos y los guardamos en bolsas y caminamos hasta el sitio donde se ubican estratégicamente los  botes que la autoridad ha colocado como un servicio para los bañistas. 

Hay que recordar que el mejor residuo es el que no se genera y que el único responsable de los residuos generados es uno mismo y no podemos echarle la culpa a la autoridad y nosotros los principales generadores lavarnos las manos y querer pasar desapercibidos, dando una muestra fatal de indiferencia y de seguir contaminando a más no poder.

Si bien es cierto que las autoridades de los municipios de la costa son las responsables del cuidado y limpieza de las playas, también es cierto que debemos adoptar la acción de que el que contamina paga, pero lamentablemente la mayoría de los municipios costeros carecen de una ley municipal de manejo de residuos sólidos y eso les impide muchas veces poder sancionar a quien arroje basura en la calle, playas y terrenos baldíos y eso alienta a los ciudadanos a seguir con esta fea práctica de arrojar basura en cualquier sitio. 

Hay algo que tengo bien claro: si queremos que la gente tire la basura en un solo lugar, lo único que tenemos que hacer es elegir un sitio determinado, colocar un letrero bien grande con la leyenda “Prohibido tirar basura en este lugar” y ese simple hecho provocará que todos llenen ese espacio de basura y así ya tendremos un basurero involuntario y todo porque los seres humanos nos estamos acostumbrando a actuar en sentido contrario a la orden de la autoridad.

Espero que esta temporada la cantidad de residuos que se deje abandonada en la playa sea mucho menor que las 36 toneladas que se recogieron al término de la temporada de verano el año pasado tan sólo en el municipio de Progreso.

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