21 de Septiembre de 2018

Opinión

El cuidado del patrimonio, una labor colectiva

Custodios del INAH adscritos a cada una de las zonas arqueológicas mantienen limpio el sitio y vigilan que los visitantes se conduzcan de manera adecuada sin poner en riesgo el patrimonio.

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Las zonas arqueológicas que se encuentran en el territorio nacional están protegidas por la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos y, como ciudadanos de este país, nuestro deber es preservar y cuidar los vestigios arqueológicos contra actos que atenten contra su integridad y cuando se trata de Monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad, nuestro compromiso es mayor. 

Esta labor también la desempeña el INAH por medio de su personal de custodios adscritos a cada una de las zonas arqueológicas y cuya labor primordial es la de mantener limpio el sitio y vigilar  que los visitantes se conduzcan de manera adecuada sin poner en riesgo el patrimonio arqueológico de cada lugar.   

Un evento digno de reconocer en Chichén Itzá fue un día que estábamos realizando una serie de mediciones en el techo del Castillo de Kukulcán  durante el horario de visita: sucedió que  un turista que llegó con un grupo se separó y brincó el delimitador para subir encarrerado por las escalinatas hasta llegar en la parte superior del Castillo. 

Los que estábamos arriba solicitamos ayuda para que un custodio interviniera e hiciera su labor, pero en ese momento, fue evidente la ausencia de custodios. Entre las personas que estaban bajo la sombra de los árboles miramos a dos uniformados con pantalón color caqui y  camisa blanca, que corrieron hasta llegar al pie del Castillo esperando a que baje el turista; una vez que bajó, lo detuvieron y lo trasladaron hasta la unidad de servicios para entregarlo a las autoridades de la zona arqueológica. 

De este hecho, hay que admirar la acción de los dos guías  uniformados, quienes son de turistas, de sumarse a la labor de cuidar el patrimonio por lo que representa el lugar para ellos: su fuente de trabajo y un sitio con valor ancestral y declarado Patrimonio de la Humanidad.

Esta acción, como otras muchas más, deberíamos de realizarlas de manera colectiva y esperamos que otros guías de turistas, que lo mismo que aquellos se sientan muy orgullosos de su labor y con una gran conciencia en relación con las zonas arqueológicas también expresen ese sentir y actúen de la misma forma.

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