20 de Octubre de 2018

Opinión

El cultivo yucateco: de vanidosos, faroles y engreídos

El cultivado en Yucatán es la persona halagada en exceso hasta hacerla sentir con el ego muy alto: “Bruno está muy cultivado”.

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En esta entrega hablaré de los términos usados por los yucatecos para referirse a las personas que sólo ven virtudes en ellos mismos y adoptan actitudes engreídas o prepotentes.

Un término empleado es cultivar, es decir, convencer, embelesar a alguien a base de engaños y de sugestiones provenientes de muchas personas al mismo tiempo.

Engaño colectivo. Así, por medio del cultivo, alguien se convence de ser la persona más inteligente, más fuerte, más guapa, más chula, más buena. Otros creen ser los más infalibles donjuanes; algún otro se vuelve “candidato” eterno a diputado o presidente.

Cultivar significa, según una acepción del Diccionario de la Real Academia Española, “desarrollar, ejercitar el talento, el ingenio, la memoria”. Sin embargo, el cultivado en Yucatán es la persona halagada en exceso hasta hacerla sentir con el ego muy alto: “Bruno está muy cultivado”.

Actualmente la lisonja o “cultivo” puede hacerse no sólo personalmente, sino hasta por las redes sociales: “Prima, cada día estás más preciosa, cuídate”; “Más chula y ¡qué cuerpazo!”; “No lo roba, lo hereda”; “Amigo, eres el mejor ingeniero”; “Definitivamente, eres un gran escritor”;  etc. De ser el caso, y por algún motivo especial, se dice entonces que al cultivado “ya se le subió”.

Cuando la persona recurre a la autoalabanza o al “autocultivo”, en Yucatán se le llama henequén, como supuestamente ocurre con este agave: “Siempre amanezco guapo, pero hoy exageré”. O el halago mutuo: -Prima, ¡qué guapa!  Y ella responde -Es de familia, primo.   

Un término empleado en Yucatán a mediados del siglo XX es farol (derivado de faro) y que recién se ha recuperado. Refiere a un sujeto de poco fuste o madera, que “se da su importancia” y gusta de figurar. Creído, que ostenta  algo que no tiene o no sabe.

Existe otro tipo de sujeto presuntuoso, y es el jetón (derivado de jeta, rostro, hocico) y que el Diccionario de la RAE define como “persona de jeta grande”. En Yucatán es una persona petulante, engreída, que padece incontinencia verbal para presumir hasta de lo que no sabe: “Don Zalo es bien jetón”. De donde proviene jetonería, presunción, desfachatez: “Mejor vamos, Jorge ya empezó con sus jetonerías”.

Similar al jetón, es el echador, fanfarrón, jactancioso, con la característica de que promete lo que no ha de cumplir; que hace alardes de poder, de riqueza y otras cosas que no tiene.

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