19 de Septiembre de 2018

Opinión

El despertar del usuario

Desde que la red es la red, los usuarios la han hecho lo que es. Se habla a veces de épocas doradas y etapas donde la comunidad era tan pequeña...

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Desde que la red es la red, los usuarios la han hecho lo que es. Se habla a veces de épocas doradas y etapas donde la comunidad era tan pequeña, que todo parecía marchar viento en popa, sin embargo, esos escenarios sectarios, en su momento, no tuvieron el poder que hoy las redes sociales ostentan. 

Hace 10 o 15 años, cuando Twitter comenzó sus andares, los usuarios éramos tan poquitos, que nos conocíamos y terminamos siendo amigos en la vida real. Fuera de Cancún, las amistades se consolidaban y daban pie a viajes e intercambio de información, publicaciones o novedades con la total y entera confianza de que lo que nos decían era cierto. 

Con la popularización, democratización y apertura de las redes hacia el grueso de la población, ese compañerismo se diluyó en el mundo virtual, pues los intereses se multiplicaron en número de seguidores, y ahora es más complicado encontrar en nuestros “timeline” las publicaciones con el sabor de la familiaridad y el compañerismo. 

Pero, como todo en la vida del mexicano, esta pérdida del “pajarito amistoso” tiene su contraparte: la difusión de ideas y comunicación, más allá de nuestro sillón favorito. Cierto, la red social era bella en su familiaridad y entorno casi exclusivo (por no decir excluyente), pero aún los usuarios de la vieja guardia comprendemos que hoy en día, Twitter tiene mucha más utilidad y que, gracias al montón de usuarios “basura”, quienes seguimos en esta red social hemos aprendido a razonar y sopesar la información que por ahí circula; vamos, somos menos crédulos porque vivimos inmersos en ambiente de mentiras digitales. 

Esta incredulidad implantada en nuestros teléfonos inteligentes, sirve en gran medida para darnos la visión del mundo real, dentro del “ciberespacio”: en teoría, tan conscientes somos de la facilidad con que las mentiras en Twitter se difunden y hacen pasar por realidad, que aplicamos el mismo filtro de desconfianza a todas las fuentes de información oportuna tradicionales o no. 

Ahora, comprendemos que la televisión, radio, prensa y la misma web, deben ser vistas, escuchadas y leídas con objetividad, pero no por los locutores o presentadores, sino por nosotros mismos, a fin de ser más inteligentes que nuestro teléfono. 

Hay nostalgia, es cierto, pero como todo en la vida, la evolución de las redes sociales es para bien, aunque a veces resulta muy difícil, aún con el conocimiento previo, encontrar el beneficio entre tanta basura que se publica. 

Hasta en la sopa

La nueva película de Star Wars está a la vuelta de la esquina, y gracias al poder de internet, prácticamente todo el mundo ha escuchado sobre “The Force Awakens” y visto alguno de los incontables productos a la venta. 

Para los seguidores de toda la vida, esta oleada de información y emoción por el inicio de la nueva trilogía viene en parejo con el hartazgo: ni en los tiempos de los episodios I, II y III, se había visto a “La Guerra de las Galaxia” metida en casi cualquier producto que se pueda imaginar, y si bien es encantador ver que el mundo se enamora de BB-8, también es frustrante como la magia de la saga se disuelve entre tanto “fan del momento”, en gran medida, gracias a la bomba mediática que se genera en las redes sociales.  

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