20 de Noviembre de 2018

Opinión

El desprestigio de la democracia

Debe preocupar el deterioro en la confianza sobre las instituciones representativas.

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No debiera llevar a la sorpresa los preocupantes resultados del estudio comparativo regional Latinobarómetro sobre el desencanto de los mexicanos con la democracia. La realidad es que no hay muchas razones para que las personas se sientan satisfechas con la situación actual, a pesar del tránsito del país a una democracia liberal bajo estándares convencionales. Las elecciones no han dado mejores gobiernos, aunque seguramente sí han evitado peores.

Al respecto hay que diferenciar el desencanto con los gobiernos y los políticos respecto al que pudiera haber con la democracia. Debe preocupar el deterioro en la confianza sobre las instituciones representativas, como son los partidos, los legisladores o los gobiernos electos. Pero también hay que reconocer que el desgaste de todas las instituciones, incluyendo medios de comunicación, iglesias, Ejército, jueces, empresas, etcétera, no solo es un problema de ruido por la competencia política, también están los problemas viejos y  nuevos que padecen las personas y las familias.

Los dos rasgos diferenciadores del México de hoy día son la democracia electoral y la estabilidad económica. También se puede decir que las libertades económicas y políticas se han ampliado. Sin embargo, el país continúa por la senda de la desigualdad y la venalidad se ha transformado pero no desaparecido. En lo nuevo malo está lo generalizado de la violencia y la inseguridad, así como el deterioro del Estado para hacer valer el interés general frente a los poderes fácticos. Son muchos quienes no quieren ni creen en el estado de derecho. Un elemento adicional del balance es la pérdida de soberanía frente al vecino del norte.

La alternancia es mandato. La del 2000 se malogró y la de 2012 se encamina privilegiando hacer realidad las reformas que se han pospuesto por los tres lustros de gobierno dividido. El desgaste del actual gobierno resulta de la propia estrategia de colegiar decisiones a través del acuerdo plural con las fuerzas políticas. Hubo virtual amnistía hacia el gobierno anterior y ante la ausencia de una fuerza política con mayoría legislativa, los partidos minoritarios han tenido una fuerte presencia en el contenido de la agenda del cambio y muy poca o tímida en su defensa. Los excesos del ex presidente Calderón y de sus cercanos colaboradores con impunidad legislativa derivan de esta circunstancia.

En contraparte, la alternancia ha llevado a recomponer un tanto la relación de sometimiento del gobierno federal respecto a los poderes fácticos, lo que ha dejado fuera de lugar el pronóstico apocalíptico de López Obrador. Otro aspecto a destacar como logro del presidente Peña Nieto ha sido la creación de un nuevo piso de confianza y entendimiento del gobierno con la oposición, no exento de resistencias en todos los partidos, incluyendo en el propio, aunque más discretas.

La paradoja es que el descrédito de la democracia se hace evidente cuando el gobierno y los partidos más hacen para acreditarla a través de una agenda concertada de cambios profundos. La cuestión es que no es suficiente que los acuerdos y las reformas sean realidad si éstos no se manifiestan en beneficios palpables para las personas. Las dificultades de la economía y en la seguridad pública conspiran para lograr un ambiente positivo y de reconocimiento sobre lo que hacen sus gobernantes y sus políticos. También cobran factura las formas, contenidos y lenguaje de la política cada vez más alejados de lo que interesa y mueve a los ciudadanos.

La política va muy lenta para asimilar el cambio de la sociedad, por ello son cada vez más quienes se sienten ajenos a los partidos a pesar de razonables tasas de participación ciudadana en elecciones. La democracia como forma o ideal dice muy poco a las personas de hoy día. No hay mucho que defender, mucho menos que motive orgullo.

La educación ha sido una inteligente apuesta de esta generación. Es mucho lo que hay por hacer y se han tomado decisiones importantes como es invertir más y mejorar el desempeño de los mentores. Sin embargo, hay preocupación genuina de que los avances naufraguen ante la resistencia de la CNTE; contribuyen a ello los desfiguros retóricos y ausencia del titular de la dependencia responsable de la educación.

El balance del primer año del gobierno de la segunda alternancia deberá atender las coordenadas de la transformación del país y no tanto las circunstancias coyunturales. Así, por ejemplo, las dificultades en la economía deberán apreciarse en función de las causas estructurales que han llevado al país a registrar en la última década uno de los más bajos desempeños. Previsible que de un lado y de otro se presenten argumentos interesados propios de una disputa anticipada.

La realidad es que la democracia como gobierno vive una circunstancia difícil. El tema obligadamente remite a cuestiones de eficacia, la que inevitablemente se construye de manera colegiada.

[email protected] o Twitter: @berrueto

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