18 de Noviembre de 2018

Opinión

El destape de los huracanes

Crónicas periodísticas de la tragedia en Guerrero ponen la piel de gallina y motivan indignación, miedo, desesperanza y dolor.

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Amigos corresponsales que laboran en Guerrero me enviaron diversos materiales sobre las desgracias ocurridas tras el paso de los huracanes “Ingrid” y “Manuel” en donde se descubren, en gran parte, la ineptitud y la corrupción.

En verdad, son historias de “terror”. Chequen, amigos lectores.

La contingencia que se vive en Acapulco como resultado de la tormenta tropical "Manuel" tiene diversas lecturas, las autoridades de Protección Civil de los tres órdenes de Gobierno no dieron aviso oportuno a la población, argumentando que ni ellos sabían de la capacidad destructiva del fenómeno.

El director de Protección Civil municipal, Efrén Valdés Ramírez, quien fungió en el mismo cargo en el momento del huracán “Paulina”, no tiene la capacidad ni el perfil para ocupar el cargo que hasta hoy ostenta, pareciera que la Dirección de Protección Civil en Acapulco sólo fuera una agencia de colocaciones, donde ha habido directores, incluso abogados y hoy un chofer en transporte público.

No existe una cultura de protección civil y la capacitación suficiente sobre cómo reaccionar ante contingencias por fenómenos naturales.

Es claro que en ningún momento previo a la tormenta tropical y el huracán “Ingrid” se dio una alerta temprana a la población, incluyendo medidas de fuerza para evacuar las zonas de alto riesgo.

La contingencia por la tormenta tropical tomó desprevenidos a gobernantes y a la clase política del estado, festejando el Bicentenario de los Sentimientos de la Nación, el viernes 13 en Chilpancingo, y a la población viendo en televisión una pelea de box.

En Acapulco, las afectaciones por las torrenciales lluvias causaron más estragos en la zona rural y en Diamante, desde el ejido de Llano Largo hasta la colonia Alfredo Bonfil, cuyo desarrollo fue fincado sobre zonas de pantanos y humedales, hasta llegar al Aeropuerto Internacional de Acapulco.

Las constructoras hicieron su agosto al fincar unidades habitacionales con alta densidad de población en lugares no aptos para la vivienda, a los que se les dio un cambio de uso de suelo; los resultados son la destrucción y la desolación que existe hoy en la llamada pomposamente ciudad Luis Donaldo Colosio y los complejos inmobiliarios que la circundan, donde los llamados “desarrollistas inmobiliarios” ofrecían a sus clientes casas con alberca.

El desarrollo Punta Diamante, recordamos que se dio con la venia y gracia de altos políticos encumbrados y con el respaldo del exgobernador José Francisco Ruiz Massieu, quien mediante actos de despojo, expropió varios ejidos, entre ellos el de La Zanja hasta Lomas de Chapultepec.

En la zona del poblado de Llano Largo se dio una explosión inmobiliaria en los últimos 15 años, donde acapulqueños, asalariados y personas de otras partes del país, ejercieron sus créditos en las llamadas Casas Ara, Homex y Geo, ofreciéndoles el sueño de una casa en Acapulco con alta plusvalía y que hoy, después de los estragos de los fenómenos “Manuel” e “Ingrid”, se encuentran inhabitables o totalmente devaluadas al encontrarse en una zona pantanosa.

El desarrollo de Punta Diamante también llamó la atención de tiendas departamentales, de conveniencia y de empresas transnacionales, quienes invirtieron en esta zona, basta observar el fenómeno de los millones de cangrejos que invaden el bulevar de las Naciones y la tienda Costco, donde sus trabajadores los recogen con pala después de que los automóviles los trituran, existe un video de un cocodrilo que emergió de los pantanos reclamando el espacio de su hábitat natural del que fue despojado.

Un nuevo paisaje urbano se vive en Acapulco, cientos de personas buscando agua en garrafones, con tinacos en sus camionetas, lavando y bañándose como en antaño, en los cauces pluviales y en los arroyos, buscando el sustento ante el desabasto durante el periodo posterior a la contingencia.

La Autopista del Sol, que al igual que la exclusiva zona de Punta Diamante que fue en su momento durante el “salinato”, símbolo de nuestro acceso al primer mundo, se encuentran destruidos por las lluvias y por su construcción deficiente.

La perversidad humana salió a flote, funcionarios que cambiaron el uso de suelo a las tierras para la siembra, pantanos y huertas, comerciantes que lucran y especulan con los artículos de primera necesidad, políticos aspirantes a alcaldes y a la gubernatura, que se hacen campaña repartiendo despensas y agua embotellada, con cargo al erario de dependencias e instituciones de gobierno, y el primer actor Enrique Peña Nieto buscando la legitimidad que no logró en las urnas, dueños de pipas de agua que han elevado el costo del líquido y para colmo la conductora de televisión Laura Bozzo, quien visita la zona de desastre para lucrar en red nacional de televisión con la desgracia de los guerrerenses, despertando el morbo de dolor y de la muerte.

¿Cómo la ven, estimados lectores? Las crónicas de los periodistas enclavados en la zona de desastre no pueden ser menos que alarmantes, pero también llevan a la reflexión para tratar de erradicar la corrupción e indiferencia en momentos urgencia.

Amigos, amigas, ya saben: sugerencias para la “señorita Laura” no vuelva a pisar Acapulco y sus alrededores en todo lo que le resta de vida, enviarlas a [email protected] y/o [email protected]

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