23 de Mayo de 2018

Opinión

El día cero

Llamado el Día del Tiempo sin Tiempo y permite a todos a limpiarse de las actitudes negativas...

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Llamado el Día del Tiempo sin Tiempo y permite a todos a limpiarse de las actitudes negativas, y con las nuevas energías, adoptar nuevos hábitos de vida que alimenten el espíritu, es momento de ofrendar, de agradecer. El Sol es una extensión de uno mismo.

Ese día nos da una preparación para el Año Nuevo. El momento brinda una oportunidad para agradecer por nuestra diversidad cultural y por nuestros usos y costumbres indígenas  que son nuestro patrimonio, nos recuerdan nuestro origen, la grandeza de las culturas ancestrales, su precisión en los calendarios y el enfoque de la relación de sus pueblos con la naturaleza.

La cultura es el tesoro y resultado de nuestro pasado y el impulso para nuestro futuro. Esto está plasmado en el Artículo 2do. de nuestra Constitución Política, donde se reconoce la pluriculturalidad de nuestro país.

Veo también un Artículo Primero que prohíbe toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, la condición social o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.

Y es entonces cuando analizo lo sucedido, porque tuve el honor de asistir a la ceremonia que se realizó en la zona arqueológica Xaman há, que significa aguas del norte, donde en nuestra lengua materna se honró a los cuatro elementos, se agradeció a la tierra por la vida y se enalteció a nuestra cultura maya.

Pero en la ceremonia se abrió un paréntesis ya que para todos los que asistimos fue difícil el acceso a la zona arqueológica. La razón: porque no vivimos en la zona residencial de Playacar.  Y quienes llevaban los instrumentos musicales tuvieron que buscar estacionamiento privado de esos que cobran por hora y acarrear todo lo necesario para la ceremonia.

Hoy quiero hacer un llamado para lograr que la gente local tenga los accesos a los centros culturales. Quiero un México donde el respeto a los demás sea nuestro modo de actuar. ¡Ya basta! de discriminar y pensar que esto es normal!, debemos dejar de pensar que así es la vida, que así es el país.  Quiero un México incluyente, sin racismo, donde se apliquen las leyes de protección a la igualdad, con el arropo de los derechos civiles. Con un paraguas de igualdad, quiero que los millones de indígenas dejen de sufrir discriminación, y en lugar del rechazo sean aceptados y sean nuestro orgullo nacional porque son la base de nuestra identidad.

Y sólo entonces disminuiremos lo que lastimosamente revela la primera Encuesta Nacional sobre Discriminación: “Somos una sociedad con intensas prácticas de exclusión, desprecio y discriminación hacia ciertos grupos”. 

Denise Dresser, en su artículo “Recuperar el país rentado”, nos dice: “Frente a las razones para cerrar los ojos a la unión entre todos están las razones para abrirlos. 

Nuestra riqueza está en lo que aporta cada persona. México está formado por los murales de Diego Rivera; las mariposas Monarcas de Michoacán; los libros de Octavio Paz; la sabiduría de los pueblos ancestrales; el mar Caribe de Quintana Roo; las hamacas de Yucatán; el baile de los viejitos de Michoacán; los poemas de Nezahualcóyotl; las bugambilias y los alcatraces; los glifos mayas de Tulum; la serpiente emplumada de Chichén Itzá; las mujeres indígenas que bordan, y las mujeres que luchan por otras en Ciudad Juárez.

Cada persona tendrá su propia lista, su propio pedazo de país colgado del corazón. Una lista larga, rica, colorida. Una lista de lo mejor de México. 

En Xcaret, Quintana Roo, cada camión que lleva a su personal dice: Aquí transportamos lo más valioso de Xcaret, “nuestra gente”. Y es nuestra gente lo más valioso de nuestro país.

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