12 de Noviembre de 2018

Opinión

El dinero no es la vida, es tan solo vanidad

La pobreza jamás será utilizada por este gobierno para asuntos electoreros. De ninguna manera habría apoyado el aumento al salario mínimo hasta alcanzar en el escalafón a Romero Deschamps.

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Quién sabe si todo es producto de una investigación de rigor científico o algún tipo de exploración empírica pero,según la ONU, 40 años de programas para combatir la pobreza casi no han servido para nada. Que el nivel de pobres no ha variado en esta patria que huele a tragedia y sin embargo ríe demasiado.

Por supuesto, la ONU,que suele estar ocupada en resolver casi nada, supone que todo es culpa de los gobiernos que solo han utilizado estos programas desde el oportunismo populista y asistencialista, que no han atacado a profundidad los orígenes del problema,es decir, la muy dispareja distribución de la riqueza. O sea, como queriendo decir que todo es culpa del capitalismo salvaje y los políticos corruptos.

No puede ser. Más ahora que en esta presente administración lo que prepondera esla lucha por el desarrollo (ya nos advirtió Videgaray que pese a tener los peores escalafones de prosperidad somos los mejor portaditos de la OCDE) y un humanismo de proporciones mayestáticas donde los pobres están en primera línea de las prioridades.

Claro, después de la venta de garaje de Pemex, la conversión de la CFE en tienda de lucecitas navideñas y el cuidadoso cultivo agropecuario de la zoología preponderante.

Reformas que en tiempo récord logró el licenciado Peña gracias a su preclara visión de futuro que contagió a la oposición deslumbrada con su inatacable patriotismo.

Por supuesto, la pobreza jamás será utilizada por este gobierno para asuntos electoreros. De ninguna manera habría apoyado el aumento al salario mínimo hasta alcanzar en el escalafón a Romero Deschamps. Y mucho menos se recurriría al concepto de pobreza extrema para comparar el estilo de vida de Napoleón Gómez Urrutia con el de sus mineros agremiados que, sin duda, podrían irse a un exilio dorado en Canadá.

Tan bonita la exoneración de Napito que solo puede compararse con la de otros próceres como Caro Quintero y Catémoc Gutiérrez, que nunca podría demostrar que la justicia en México vale ídem.

Como sea, quizá la ONU en sus estudios con el Colmex no contemplaron que en estos 40 años de programas contra la pobreza, a lo mejor los beneficiarios los mal gastaron en tibiris y reguetones, fiestas de XV años y reventones en Caleta-Caletilla, sin saber que son un mito genial.

Y quizá hasta les guste ser pobres para salir con la señorita Laura, porque el dinero no es la vida, es tan solo vanidad.

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