10 de Diciembre de 2017

Opinión

El entorno del automóvil y sus efectos

Desafortunadamente nuestra sociedad no recibe educación vial antes de ponerse al volante de un vehículo.

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El pasado domingo se conmemoró el Día Mundial de Recuerdo a las Víctimas de Accidentes de Tránsito, pero los integrantes de nuestra sociedad, bombardeados por el contenido de los anuncios de venta de automóviles que incitan al conductor a sentirse poderoso y amo del espacio vial, piensan sólo en sí mismos; basta ver los slogans de algunas agencias de autos para entender por qué quienes conducen esas marcas de automóviles se sienten los reyes de la calle.

¿Educación vial? En lo que muchos distribuidores de automóviles basan su propaganda es en el hacer sentir a la gente que manejando sus modelos el poder está en sus manos. “Nuestro modelo transmite emociones incontrolables”, “hemos logrado la fabricación de un generador de emociones”, “siente su potencia y serás poderoso”, “este auto es emoción en evolución”, “si manejas nuestro modelo la gente sabe que sabes”, “para que nunca dejes de sentir lo que otros han olvidado”, y muchas más frases como éstas bombardean al comprador, quien al ponerse al volante de estos autos se transforma y se siente superior y amo del camino.

Ante este panorama debería procurarse un acuerdo entre las agencias de automóviles y las autoridades en la materia para trabajar juntos en un proceso de educación vial dirigido a todos los compradores de un auto; recuerdo el caso de un  amigo que, terminados sus estudios en Alemania, recibió una oferta de trabajo en ese país y la aceptó; después de un tiempo, al tener ya recursos, decidió comprar un automóvil y pidió una cotización, misma que le pareció buena, y quiso comprar el auto, pero al pedirle la agencia su licencia de conductor él mostró su licencia del estado de Yucatán y entonces le dijeron que si no tenía una licencia expedida en Alemania u otros países europeos no le podían vender el vehículo, teniendo que tomar, durante dos meses, el curso de educación vial.

Desafortunadamente nuestra sociedad no recibe educación vial antes de ponerse al volante de un vehículo de cualquier tipo, incluso bicicletas, que deberían llevar una placa de identificación; pero este proceso educativo debe ir acompañado de un programa de vigilancia para multar a todo aquel que rebase los límites de seguridad al conducir, sin excepciones.

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