20 de Julio de 2018

Opinión

El fracaso de las nuevas escuelas

A pesar de que la Secretaría de Educación Pública (SEP) sigue empeñada en hacer crecer el programa de escuelas de tiempo completo...

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A pesar de que la Secretaría de Educación Pública (SEP) sigue empeñada en hacer crecer el programa de escuelas de tiempo completo, para padres de familia y profesores los planteles de tiempo completo han sido un verdadero fracaso, ya que en nada ha contribuido al mejoramiento de la calidad educativa.

Recordemos que la apertura de escuelas de tiempo completo inició en el sexenio del presidente panista Felipe Calderón Hinojosa, quien anunció el programa con bombo y platillo, vendiéndolo como la panacea que podría curar los graves padecimientos de la educación en nuestro país.

Y es que al menos en el papel las escuelas de tiempo completo son una excelente idea, ya que brindarían a los alumnos alimentación y más horas de clase en materias con maestros expertos. Todo muy bonito.

Sin embargo es en la implementación del programa donde los graves errores empezaron a salir a la luz, errores que hasta el día de hoy no han sido solucionados.

Resulta que las escuelas de tiempo completo reciben un exiguo presupuesto para los alimentos y para la contratación de maestros “especialistas” en artes o materias técnicas, a los que ofrecen salarios de miseria.

Como resultado, las escuelas de tiempo completo carecen de personal calificado para impartir las materias de apoyo, y muchas veces son los mismos profesores de primaria los que se encargan de cubrir esas horas de más, alejándose del propósito original del programa.

Y pese al notorio fracaso de estas escuelas que se han convertido en enormes guarderías y cuyos resultados en evaluaciones educativas no reflejan una mejoría en el aprovechamiento de sus alumnos, el programa fue retomado por el actual gobierno de Enrique Peña Nieto, prácticamente sin ningún cambio.

Tan sólo en Chetumal el próximo ciclo escolar al menos seis escuelas primarias se convertirán en planteles de tiempo completo, al igual que algunas telesecundarias de poblaciones circunvecinas.

Pero lo único que cambia en realidad para los alumnos es el horario, ya que a las escuelas no se les dota de nueva infraestructura –necesaria para clases como computación, por ejemplo–, ni de material didáctico, ni de una alimentación buena, variada y nutritiva.

Por esa razón muchos padres cuyos hijos estudian en estas escuelas prefieren llevarles su propia comida, o incluso ir por ellos antes del horario de salida, ya que sienten que esas horas extras son desaprovechadas.

A nivel local, la Secretaría de Educación debe hacer una valoración real de los logros de este programa para dar un giro de timón, porque tal y como están las cosas, las escuelas de tiempo completo son un hoyo negro donde se derrochan millones de pesos y la educación impartida no mejora ni un ápice.

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