17 de Octubre de 2018

Opinión

El gobierno de Peña y la seguridad

La estrategia de comunicación del gobierno cambiará radicalmente y la de persecución a los grupos del crimen organizado mucho más.

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Felipe Calderón dejó una manzana envenenada como herencia al gobierno de Enrique Peña Nieto: la guerra contra el crimen organizado. Si hubiera que ser más precisos, se trata del legado de Genaro García Luna, el hombre que le vendió al segundo presidente de Acción Nacional la cruzada contra el narcotráfico como una estrategia de legitimación tras los cerradísimos resultados de las elecciones de 2006.

Antier, desde la Secretaría de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong ha comenzado el largo y tortuoso camino para dar seguridad y, sobre todo, tranquilidad a la sociedad mexicana. De entrada, ha hecho suya la labor de informar sobre los saldos de la cruzada contra el crimen con una puntualidad que lleva al pasmo cuando da conocer el número de delincuentes muertos, los elementos federales caídos y los ciudadanos fallecidos sin deberla ni temerla, lo que fríamente se registra como daños colaterales.

El cambio en materia de seguridad que viene será, por lo que dicen los integrantes del nuevo gobierno, lento pero profundo. En principio, como se ve, la estrategia de comunicación cambiará radicalmente y la de persecución a los grupos del crimen organizado mucho más.

De inicio, el peñismo ha reclamado para sí informar a la opinión pública sobre el desarrollo y las muertes provocadas por la acción de la delincuencia, luego vendrá el ir centrando la lucha antinarco en el trabajo de inteligencia más que en los balazos y en generar opciones para que los capos se retiren de la escena bajo pena de ser abatidos por las fuerzas federales.

Sin embargo, Peña Nieto y su equipo tienen un escaso margen de maniobra, pues es un hecho que, a pesar de los intentos de las administraciones del PAN, los criminales controlan zonas y territorios en la mitad del país. Los hechos recientes parecen conspirar en su contra: la matanza de un grupo musical, el estallido en el edificio B2 de la Torre de Pemex y la violación de seis turistas españolas son ejemplo de cómo se pueden complicar las cosas de un momento a otro.

El Presidente y su equipo se la están jugando. Ojalá les vaya bien, porque si les fallan los cálculos y la estrategia, los que la vamos a pagar somos todos los mexicanos.

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