23 de Septiembre de 2018

Opinión

El imperio de la intelectualidad

La llamada 'Monarquía dual' fue una época brillante para la humanidad, cuya luz aún alcanza la mirada y la mente de aquellos que se resisten a ver.

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Más allá de la decadencia, la riqueza y el derroche, los excesos aristocráticos de la dinastía de los Habsburgo y la sociedad multiétnica bajo su amparo, si algo prevalece más actual que nunca es la herencia cultural e intelectual que dejó la alguna vez llamada “monarquía dual”, específicamente en el periodo comprendido entre 1848 y 1918, aunque sus ramificaciones se extendieron hasta dos décadas después y cuyas resonancias pueden rastrearse incluso hasta nuestra época.

Durante ese tiempo se podría decir que las capitales intelectuales del mundo fueron Viena, Praga y Budapest, incluso la vecina Alemania, íntimamente ligada con el clima imperante de la época, pues la “historia intelectual” de estas naciones agrupadas bajo un solo imperio da muestra de la bonanza social, económica y cultural que propició el surgimiento de filósofos, científicos, escritores, músicos, pintores, sociólogos, economistas, teóricos de la ley, pensadores, estetas, etc. 

Basta mencionar algunos de los más conocidos, como Sigmund Freud, Ludwig Wittgenstein, Egon Schiele, Arnold Schönberg, Arthur Schnitzler, Otto Bauer, Karl Renner, Gustav Klimt, Karl Krauss, Robert Zimmerman, Hermann Broch, Georg Lukács…

Por otro lado, es bien conocida la contribución invaluable del exilio austríaco –una vez caído el imperio durante la I Guerra Mundial- al cine de Hollywood: cineastas como Fritz Lang, Erich Von Stroheim, Von Stenberg, Max Ophuls, Billy Wilder y Otto Preminger, europeos que dieron un vuelco a las maneras de hacer cine y cuyas aportaciones al lenguaje cinematográfico están fuera de toda duda.

Asimismo, si consideramos además que Viena era en esa época la capital del Imperio Austrohúngaro, entonces tendríamos que agregar a todos los arriba mencionados a intelectuales y artistas que al residir en otros territorios pertenecientes al imperio (como Hungría, Bohemia, Galitzia o Rumanía), abrevaron de ese torrente cultural: Rilke, Kafka, Celan, Lukács, Hauser, Sacher Masoch y Canetti, todos ciudadanos de ese mismo imperio y que escribieron en lengua alemana.

Con respecto a su herencia, hoy es palpable, pues algo de la mejor literatura mundial de la actualidad ha sido gestada en aquellas zonas que antaño fueron territorio austrohúngaro, como Ivo Andric, Milorac Pavic, Goran Petrovic, Milan Kundera, Elfriede Jelinek, Herta Müller, Emil Cioran y tantos otros. En definitiva, una época brillante para la humanidad cuya luz todavía alcanza la mirada y la mente de aquellos que se resisten a ver.

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