18 de Diciembre de 2018

Opinión

¿El INE? ¿La reelección? El problema es la (muchísima) lana

Mientras no decidamos cómo entrarle en serio a ese asunto, el de los millones, la calidad de la democracia electoral estará condicionada.

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La oposición pactista ha puesto como condición para seguir discutiendo las reformas del gobierno la aprobación de una reforma electoral que, entre otras cosas, inaugure el Instituto Nacional Electoral que sustituya a los institutos estatales y que reponga la reelección para legisladores y tal vez para presidentes municipales.

He escuchado de los defensores de esta nueva reforma sus argumentos sobre el enorme (e injusto) peso que tienen los gobernadores sobre sus institutos y tribunales electorales locales y cómo eso pervierte elecciones. Puede ser. He escuchado también a quienes se oponen al INE por razones de federalismo. También puede que tengan algo de razón.

Una cosa debe quedar clara: los dos factores fundamentales de una elección: el padrón y el control de la comunicación por medios electrónicos para todas las elecciones que suceden en México ya lo tiene el Instituto Federal Electoral. Y es el IFE quien tiene la capacidad de auditar cuentas de banco para fiscalizar. Si los locales desaparecieran no es como si el IFE tuviera que aprender nada o mucho cambiará.

Ese no es el problema de nuestras elecciones.

El problema real es el dinero. Nuestra política se llenó de dinero.

Dinero para movilizar electores, dinero para los representantes de casillas, dinero para las manifestaciones, dinero y dinero y dinero. Dinero público y dinero privado —por abajito del agua—. En todos sus niveles, la política electoral mexicana tiene que ver con el dinero y hay tanto que no hay actividad por pequeña que sea que no tenga ya que ser recompensada. Se acabó la militancia. Hoy todos, de una u otra manera son empleados. Todos cobran, en todos los partidos.

Así que por más IFEs o INEs o lo que quieran inventar, el problema electoral mexicano tiene que ver con otra cosa que no hemos podido componer.

Mientras no decidamos cómo entrarle en serio a ese asunto, el de los millones, la calidad de la democracia electoral estará condicionada. Y no está sencillo. Basta ver los resultados de las auditorías de los
gastos de los partidos en la elección del año pasado.

Twitter: @puigcarlos

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