18 de Noviembre de 2018

Opinión

El Maestro amado

Los hombres grandes no buscan la riqueza material sino la espiritual, sabedores de que son las ideas las que cambian al mundo.

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El día de hoy antes del mediodía, en el museo Franz Mayer de la ciudad de México, la Academia Mexicana de Dermatología, A.C., realizará un homenaje a la destacada trayectoria profesional de uno de los pilares de la Dermatología Mexicana, el Dr. Amado Saúl Cano, eslabón imprescindible de la transformación de la Dermatología empírica del siglo pasado, a la Dermatología formal de la actualidad en nuestro país.

El maestro Saúl, como es conocido internacionalmente, lleva 58 años de  ejercicio de la dermatología, pero sobre todo en su apasionada enseñanza, por eso el título de maestro nadie mejor que él para ostentarlo, pues lo es en toda la extensión y significado de la palabra, su currículum es verdaderamente impresionante.

Es profesor de dermatología de la UNAM y del Politécnico, jefe de servicio y después consultor técnico del Hospital General de México, miembro y ex presidente de la Sociedad y Academia Mexicanas de Dermatología, miembro de numerosas sociedades dermatológicas del país y del extranjero, incluyendo la francesa; con premios y reconocimientos nacionales e internacionales, autor de cientos de trabajos publicados en revistas nacionales y extranjeras, conferencista didáctico y ameno, luchador infatigable contra la lepra, autor del libro “Lecciones de Dermatología” que ya lleva 16 ediciones y que es todo un clásico en las escuelas de Medicina, pues está dirigido al estudiante y médicos no dermatólogos y es una extraordinaria guía para los que se inician en esta fascinante especialidad.  

El maestro Saúl pertenece a una rara especie de dermatólogos en peligro de extinción, aquellos que no viven de la Dermatología, sino que viven para la Dermatología, especialidad con la que prácticamente se casó -sublimando así su soltería-, a la que le ha sido fiel y con la que ha formado cientos de dermatólogos nacionales y extranjeros durante casi seis décadas de fructífero y docente “matrimonio”. 

Cuando en esta columna hemos utilizado la frase “como un maestro decía”, casi siempre nos estamos refiriendo al Maestro Saúl, pues además de ser un gran científico, es poseedor de una vasta cultura: “El médico que sólo sabe medicina, ni medicina sabe”, solía decir. Viajero incansable,  poliglota, dueño de una gran sensibilidad artística, amante de la ópera, guitarrista virtuoso, compositor prolífero con más de 200 canciones, algunas inspiradas en la trova yucateca. 

Pese al quebranto de su salud y a las más de ocho décadas encima, aún continúa impartiendo sus clases a los estudiantes, de donde parece tomar la energía para seguir productivo académicamente y con una lucidez extraordinaria.  

Los hombres grandes no buscan la riqueza material sino la espiritual, sabedores  de que son las ideas las que cambian al mundo, por eso una vida generosamente dedicada a la formación intelectual de otras justifica plenamente este homenaje.

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