15 de Noviembre de 2018

Opinión

El mayor reto de Peña Nieto

Huelgas, bloqueos, algaradas, manifestaciones, paros… ¿Qué país puede resistir los daños económicos y sociales provocados por estos malos ciudadanos?

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Por si no tuviera ya Acapulco todos los posibles problemas en su condición de localidad fatalmente supeditada a los ingresos provenientes de un turismo, nacional y extranjero, que ya no se aparece por ahí, los insignes maestros guerrerenses bloquearon anteayer la Autopista del Sol durante cuatro horas interminables.

Imaginen ustedes, amables lectores, la sensación de impotencia de los viajeros y las ganas que les quedaron de volver a tomar el coche para llegar hasta una de las perlas del Pacífico —las otras, de una lista que no es exhaustiva, son Mazatlán, Puntarenas (Costa Rica), Tumaco (Colombia), Guayaquil (Ecuador), Callao (Perú) y Valparaíso (Chile), para que vean lo competido que está el título—.

¿Qué querían, los señores enseñantes de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero (CETEG), para pedirlo de manera tan drástica y, sobre todo, tan perjudicial para los demás ciudadanos de este perjudicado país? Pues, parece ser que no están de acuerdo con la reforma educativa. Y, para que quedara bien claro que su rechazo es cosa seria, también impidieron el paso a centros comerciales y supermercados de Chilpancingo, la capital de ese estado tan libre y soberano de nuestra Federación que no aporta prácticamente nada al erario federal, sino que consume alegremente la plata que se genera en las entidades más ordenadas y productivas. Soriana, Walmart, Comercial Mexicana y Aurrera cerraron sus puertas para prevenir daños mayores. “A ver si con las pérdidas económicas los empresarios logran convencer al gobernador para que atienda nuestras peticiones”, bramó uno de los maestros revoltosos, según cuenta una nota en línea del semanario Proceso. Su lógica extorsionadora, aparte de impecable, es asombrosamente insolente. Ah, y los niños guerrerenses llevan tres semanas sin clases.

Mientras tanto, en Oaxaca, los maestros de la muy famosa Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), dejaron colgados a los estudiantes de las escuelas primarias, más de un millón de chavales, porque debían escenificar sus muy fastidiosas, pesadas, inoportunas y latosas manifestaciones en la capital de todos los mexicanos, para infortunio de unos vecinos que no tienen nada que ver en el asunto, pero que son quienes terminan siempre pagando los platos rotos. Y, a partir del 23 de marzo, anuncian un paro indefinido y total de labores, junto con sus cofrades de la CNTE, la igualmente célebre CoordinadoraNacional de Trabajadores de la Educación. No se trata solamente de festejar como Dios manda, dejando de trabajar, dos aniversarios importantísimos —el 18 de marzo, fecha en que ocurrió la expropiación del petróleo, y el día 21, que es el aniversario del “natalicio” (o sea, el nacimiento) del licenciado Benito Juárez García, Benemérito de las Américas— sino que ahora ya no van aacudir a dar clases, pura y simplemente. Y, sanseacabó. ¿Por qué? Pues, por lo mismo, porque no están de acuerdo con la reforma educativa.

Huelgas, bloqueos, algaradas, manifestaciones, paros… ¿Qué país puede resistir los daños económicos y sociales provocados por estos malos ciudadanos? Estamos hablando de ciertas regiones de la geografía nacional, desde luego, porque la situación es bien diferente, por ejemplo, en Querétaro, Aguascalientes, Nuevo León o Jalisco. Pero Michoacán, Guerrero y Oaxaca también son parte de México y la creciente distancia que van teniendo con los otros estados en los niveles de crecimiento y desarrollo es una losa muy pesada para toda la nación. Y lo más curioso es que cuando tienen la oportunidad de recibir inversiones la rechazan con singular ferocidad. En Guerrero dejó de construirse la presa La Parota, que iba a asegurar el abastecimiento de agua potable para Acapulco, luego de diez años de férrea oposición de comuneros y ejidatarios. En el istmo de Tehuantepec, el proyecto más importante de energía eólica de Latinoamérica está detenido y los inversores han anunciado que se retirarán porque no cuentan con garantías y certezas jurídicas. Dos mil millones de dólares dejarán de llegar a Oaxaca.

Este país, el que no funciona y donde no se pueden asegurar las más mínimas condiciones para un mejor futuro, es una piedra en el zapato de cualquier proyecto de modernización. La tarea trasformadora del presidente Peña Nieto, llevada hasta ahora con admirable habilidad política, se verá puesta a prueba cuando quiera, entre otros asuntos apremiantes, garantizar de verdad los derechos de los niños de Oaxaca.

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