21 de Mayo de 2018

Opinión

El mejor poeta del año

En el mundillo intelectual la mayoría ya se declara futbolera, pues pasó la moda de repudiar el futbol como cosa de idiotas persiguiendo una pelotita, aunque se mantiene la crítica a la manipulación comercial de la plutocracia del futbol.

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En el amplio frente de  los medios, fanáticos de las teorías de la conspiración se desgarran las vestiduras porque el Mundial de Futbol se usará por las fuerzas del mal  para distraer al pueblo de sus prioridades políticas. ¿Cuáles? Las de cada uno de ellos, a pesar de que fatalmente, en un escaso mes, se terminará la alucinación mundialista para regresar a la realidad.

En la sede mundialista del Brasil pentacampeón, su presidenta socialista, Dilma Rousseff, denuncia que en las protestas contra el Mundial hay una campaña sistemática para minar su muy probable reelección en los comicios que se realizarán a pocos meses de que termine el torneo.  

Y en México se habla de que el Mundial será aprovechado para sacar de pasadita las leyes secundarias de las reformas, como si los mexicanos hubiésemos entrado en un estado de hipnosis general, a la manera de los ratoncitos del flautista de Hamelin. Aunque sí, hay un debate rasposo entre los escépticos de una selección que no logró cuajar del todo y los ilusionados de siempre. Menos pesimista, el presidente Peña regala al buen papa Francisco una camiseta del Tri y una imagen de la Virgen de Guadalupe, otro símbolo nacional. 

En el mundillo intelectual la mayoría ya se declara futbolera, pues pasó la moda de repudiar el futbol como cosa de idiotas persiguiendo una pelotita, aunque se mantiene la crítica a la manipulación comercial de la plutocracia del futbol, exitosísima transnacional que opera con movimientos financieros superiores al producto de muchos países.

Como cuenta Eduardo Galeano, el poderoso Joao Havelange, primero comerciante de armas y después presidente de la FIFA durante 24 años, declaró en el lejano 1994 que el movimiento financiero del Mundial del Futbol alcanzaba ya 225 mil millones de dólares; 20 años después esta cifra debe haberse multiplicado mucho con los derechos de transmisión y la comercialización de todo tipo de cosas.  

Así que este rechazo a los barones de futbol se ha convertido en una especie de antiimperialismo light.

Volviendo al punto, como dice el mismo Galeano: “El gol es el orgasmo del fútbol. Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna”. Confiemos en que nuestra selección, que mostró mejoras innegables en sus últimos partidos pero no metió gol, se olvide de la autocontención amorosa, se apresure un poco y anote. 

Por el contrario, que nuestros guardametas aguanten, como Lolo, el portero del Orihuela, en los versos de la Elegía al guardameta de Miguel Hernández, quien desde jovencito mostraba su garra poética a la par que su garra futbolística: “Combinada la brisa en su envoltura / bien, y mejor chutada, / la esfera terrenal de su figura / ¡cómo! fue interceptada / por lo pez y fugaz de tu estirada.”

Y ofensivamente, con todo y la danza del dinero, ojalá celebremos con la frase de Pier Paolo Pasolini: “El goleador es siempre el mejor poeta del año’’. Y un amante cumplido, agreguemos.

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