24 de Mayo de 2018

Opinión

El mordelón

El delantero de la selección de Uruguay, Luis “Conejito” Suárez, regresó a las andadas, o sea, morder a los rivales.

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Todavía (y por casi tres semanas más) hay mucho fútbol. Al menos, la Selección Mexicana, en una gran demostración, calificó a octavos de final dándole en la torre a los soberbios croatas que pensaban, fieles a su cultura balcánica-sajona (blanquitos y no menos racistas), que humillarían a los “ratoncitos verdes”. 

Para nada, al contrario, el entrenador de Croacia, Niko Kovac, se tragó sus palabras y tampoco pudo evitar que los aficionados mexicanos que se aventuraron a Brasil le gritaran desde “uuuulero” hasta el polémico y nada mocho “uuuuto”.

Ya veremos si el domingo próximo, ante Holanda, el famoso Tri logra una hazaña más y le quita todos los pétalos a los tulipanes. 

Ojalá. Ya es momento de que el balompié nacional rompa con el clásico “ya calificamos y todo lo que venga es bueno”. No. Mucho mejor es decir: “Vamos a romperle la máuser (en el sentido deportivo) a los rivales”. En fin.

Pero entre las curiosidades del Mundial de Brasil está la protagonizada, el martes pasado, por el delantero de la selección de Uruguay, Luis “Conejito” Suárez, en su enfrentamiento con los italianos. 

Nada más ni nada menos que regresó a las andadas, o sea, morder a los rivales. No es broma. El jugador tiene la manía, nada saludable, de hincarle los dientes a los contrarios.

Cuando jugaba en Holanda, con el Ajax, lo suspendieron como siete partidos por hacerla de perrito bravucón; después, brincó a la Liga Premier inglesa para jugar con el legendario Liverpool. Y hace dos temporadas, Suárez le mordió el brazo a otro jugador. Le metieron un castigo de 10 partidos. ¿Y ahora, qué onda?

La FIFA analiza ya el video donde el “Conejito” mordió al defensa italiano en un hombro y, de paso, le rompió parte de la playera. En su momento, el árbitro mexicano Marco Antonio Rodríguez, conocido como “Chiquidrácula”, se hizo miope y no sancionó. 

En verdad era para expulsión. Aparte, el charrúa se quedó tirado en el pasto y sobándose la bemba. ¿Acaso la carnita que rasgó no estaba muy limpia o, al menos, suficientemente marinada?

Lo cierto es que Luis Suárez, así como es un extraordinario jugador, también requiere de los servicios profesionales de un psicólogo o psiquiatra, porque no es nada normal que tenga la tendencia de agredir a cuanto jugador contrario venga a marcarlo (y de preferencia descuidado).

PRIMERA CAIDA.- No cabe duda que siempre hay momentos polémicos en los Mundiales de Fútbol. Lo de Suárez es uno de ellos, pero nada muy agradable porque el sujeto desquita sus frustraciones a base de dentelladas. Con el debido respeto, el uruguayo no está muy bien de la cholita.

SEGUNDA CAIDA.- La suspensión debe ser en caliente para Licho. Y sería una lástima porque, unos 20 días antes del Mundial, fue operado de la rodilla. Se recuperó lo suficiente para meter un par de goles en la fase de grupos. Ahora podría irse a casa de la goma.

TERCERA CAIDA.- ¿Por qué no habrá mordido a un político tranza en vez de un colega de profesión?.

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