16 de Agosto de 2018

Opinión

El negocio más triste de Mérida

Los ambulantes ya se pavonean en las colonias y cruces importantes de Mérida en perjuicio del comercio formal.

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Uno de los síntomas del desorden –o subdesarrollo- es el comercio informal o ambulantaje. Las razones de la existencia de éstos son muchas.  Se las enumero:

-Falta de crédito a las mini pymes para convertirse en empresas formales.

-Lo atractivo de no pagar impuestos.

-La existencia  de monopolios de insumos y los negocios más rentables.

-Autorización de negocios por concesión de gobierno en lugar de permisionarios.

-Sueldos promedio bajos, de hecho, los más bajos del país.

El ambulantaje ha crecido como nunca, ya no venden artesanías, jugos y frutas, sino juguetes, artículos para el hogar, accesorios, celulares y flores.

El negocio más triste son las florerías formales en el norte de Mérida que han visto disminuir sus ventas al punto de cierre, los ambulantes se han multiplicado en número y servicios, ya no venden flores sino arreglos completos.

El centro siempre ha sido hogar natural de los ambulantes y la Cámara de Comercio ha desarrollado numerosas soluciones, desde pasajes y mercados en casonas hasta la rehabilitación del mercado Lucas de Gálvez. Pero el negocio persiste en detrimento de esas mismas soluciones que han costado millones de pesos, porque nuevos ambulantes ocupan los espacios.

Este sexenio ha demostrado que los intereses de las clases populares no están por encima de la ley, sobre todo de la Ley de Hacienda. Ya se cobran impuestos a giros antes protegidos, pero por alguna razón extraña no tocan a los ambulantes.  El peligro de dejarlos crecer es que luego adquieren poder económico y empiezan a destinar dinero para corromper autoridades y policías. También empiezan a vender más cosas como contrabando, armas y las bien rentables drogas.

El principal responsable es el Ayuntamiento, que se escuda en no tener suficientes policías para detenerlos; el Gobierno del Estado dice que el Ayuntamiento no solicita desalojos de este tipo y  Hacienda los ignora por poco rentables.

Los ambulantes violan todas las leyes de sanidad, ambientales y fiscales. No pretendo quitarles su derecho a ganarse la vida, sólo orden, que pidan permiso a vecinos, paguen contribución fiscal, den formalidad a sus empleados y proporcionen la posibilidad legal a los giros existentes, como las florerías, de laborar de manera formal.

No hacerlo es sembrar enfermedades sociales que aquejan a grandes ciudades, mafias bien financiadas, corrupción sólida, giros negros y destino de recursos a organizaciones que no buscan evolucionar socialmente, sino proteger la informalidad.

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