24 de Septiembre de 2018

Opinión

El ocaso de los populismos en América Latina

En la vida todo es un ciclo, todo lo que conocemos nace, madura y muere. Nuestro propio planeta también lo hará a su debido tiempo...

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En la vida todo es un ciclo, todo lo que conocemos nace, madura y muere. Nuestro propio planeta también lo hará a su debido tiempo (espero que sea después de que el Atlante gane de nuevo la Copa). Así han nacido y se han desmoronado imperios, ideologías y costumbres.

Así nació, maduró y ya está en franca decadencia el lamentable populismo latinoamericano. Ese engendro que queda como suspiro de la peor debacle de la historia de la humanidad que es sin lugar a dudas el experimento comunista que nació con Lenin en la desaparecida URSS. 

A pesar de estar a la mano cifras tan aplastantes como 200 millones de muertos en 98 años, aún cuenta con demagogos que usan las tonadas de sus canciones para hipnotizar muchedumbres con el único objetivo de mantenerse en el poder el mayor tiempo posible. 

Tal es el caso de Brasil, que tras su crecimiento económico de principios del Siglo XXI han quedado al descubierto la tropelía de abusos, corruptelas y crueldades que fueron solapadas.

 Hoy los brasileños piden a gritos el fin del gobierno de Dilma Rouseff y su colección de escándalos y desvío de recursos que siempre suele acompañar a estos “defensores de los pobres” que acarician el fajo de billetes con una mano y la pistola con la otra. 

Así está pasando en la desdichada Cuba donde su creador mira con lo poco que le queda de vitalidad cómo la bandera de Estados Unidos vuelve a levantarse en el malecón de La Habana y cómo la acumulación de riquezas, las oligarquías y los millonarios que con tanto gusto defenestró se le salen de control entre sus propios familiares que ya no ven tan atractivo eso de cortar caña y se van de vacaciones a Grecia en un yate de 50 metros como acaba de hacerlo su hijo. 

Así va igual la convulsa Venezuela, y las decadencias van siempre en todos los aspectos, es como un estado de histeria ante un naufragio que motiva decisiones infantiles y arbitrariedades como la reciente condena a Leopoldo López, el líder de la oposición a 13 años de cárcel en un vago intento de acallar las voces de libertad.

 Tal como la moribunda dictadura Argentina, el oligofrénico presidente de Venezuela hace malabares entre el castillo de naipes que la ineficacia inherente a este tipo de gobierno crea, y lo hace de una de las formas más socorridas y llamativas que es inventarse un enemigo externo para diluir el descontento entre venezolanos en una agresión externa imaginaria y absurda.

 Como Liliput y Blefescu se ha enfrascado en una guerra mediática contra Colombia con cierre de fronteras, amenazas y acumulación de tropas para con salvas de cañones tratar de que su pueblo mire para otro lado y no al idiota que los gobierna. Pero no hay vuelta atrás en su avalancha de errores y desaciertos, con el encarcelamiento injusto y cruel de Leopoldo López ha creado lo que nunca debió: un Mandela latino.

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