22 de Septiembre de 2018

Opinión

El ocaso del IFE

Por la situación actual del instituto, queda claro que la reelección de Leonardo Valdés era inaceptable.

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El IFE, al igual que el IFAI, está en su peor momento. La carta que envió el presidente del IFE al dirigente del PRD muestra la descomposición, amén de que también revela que quien lo preside no tiene los atributos para desempeñar cargo tan delicado. La causa profunda de la crisis del IFE no son sus directivos, ni siquiera un mal consejero presidente, sino una reforma que acabó con su autonomía y llevó a la sumisión de los integrantes del IFE a la línea de los partidos.

Una de las trampas en la nueva legislación fue establecer la reelección del presidente del Consejo. Trampa porque en la pretensión de ganar la reelección lo sometía a la presión de los partidos. Se asume que la reelección se deriva del mérito en el desempeño, no del arreglo, la cuestión es que quienes votan y vetan son precisamente los partidos a través de sus legisladores. Por la situación actual del IFE queda claro que la reelección de Leonardo Valdés era inaceptable. El problema está en que quien lo presida sea garantía de autonomía e independencia precisamente de quienes lo van a elegir.

La Cámara de Diputados elegirá a cinco consejeros más, cuatro que concluyen término y uno más que renunció. Será oportunidad para mejorar la calidad del Consejo, pero más que ello, el Congreso debe realizar una cirugía mayor al IFE con claridad sobre lo que significa y representa este órgano de Estado. Debe hacerlo a partir de la experiencia y de un hecho irrefutable: el IFE va en decadencia a pesar de su costo y de una aceptable burocracia.

La reforma del IFE debe separar las funciones de regulación y sanción de aquellas de organizar las elecciones. También eliminar la reelección del consejero presidente, ratificar el principio de inamovilidad de los consejeros y nombrar a quienes ya se han desempeñado en el pasado con singular acierto y al margen de la controversia, como José Woldenberg o Jacqueline Peschard, así como incorporar casos irrefutables que han quedado al margen por la feria del veto como Jorge Alcocer, Eduardo Huchim o José Antonio Crespo, o bien magistrados del Tribunal Electoral con buen desempeño.

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