14 de Diciembre de 2018

Opinión

El patriotismo de los más ricos

. Y negar la libertad de ejercer cualquier derecho a la minoría homosexual es detener el proceso de liberación del género humano.

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A propósito del Lincoln de Steven Spielberg, el historiador y economista Vicenç Navarro recordó en el periódico español Público estas palabras de Lincoln a sindicalistas norteamericanos: “Ustedes han entendido mejor que nadie que la lucha para terminar con la esclavitud es la lucha para liberar al mundo del trabajo, es decir, liberar a todos los trabajadores. La liberación de los esclavos en el Sur es parte de la misma lucha por la liberación de los trabajadores en el Norte”.

Estas palabras no aparecen en la película Lincoln. Vicenç Navarro recordó también la correspondencia que mantuvieron Lincoln y Marx en los albores de la I Internacional. Todo ello permite comprender que la abolición de la esclavitud no fue sólo un acto de bondadoso humanitarismo sino que se entendió el entramado de libertades tanto individuales como de minorías étnicas con las de toda la sociedad.

La película señala el miedo de un congresista por votar a favor de la abolición porque veía que ese triunfo abriría la puerta a otras libertades. Y señalaba específicamente, con enorme escándalo, el sufragio femenino. Tenía razón, pero lo que Lincoln veía con esperanza este congresista lo veía con terror.

Pero ni Marx, Lincoln, el congresista de la película o el propio Spielberg se atrevieron a ver a la minoría homosexual en la línea de esta apertura de libertades.

Pero está. Y negar la libertad de ejercer cualquier derecho a la minoría homosexual es detener el proceso de liberación del género humano.

Si el motivo es religioso, significa negar el laicismo y plantear, a la manera de los estados islámicos (tan criticados por ello en Occidente), que las Escrituras son base de las Constituciones.

Si el motivo se pretende científico, es dar la razón a quienes, en tiempos de la esclavitud, pretendían demostrar científicamente  que la raza negra era inferior a la blanca (como el personaje de Di Caprio en el Django de Tarantino). O a Hitler.

Con la ley a favor del matrimonio homosexual, en Francia ganan el laicismo y el progreso de los derechos (como en la Ciudad de México), y muy pronto en todos los rincones de lo que llamamos países civilizados esta disyuntiva habrá de resolverse.

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