15 de Octubre de 2018

Opinión

El poder del espíritu

“Un cuadro –decía el precursor Kandinski- surge de la necesidad interior, del poder del espíritu; no de las formas externas sino de la sensibilidad”.

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En el vestíbulo del Gran Museo del Mundo Maya se abrió la exposición Diez pintores abstractos en Yucatán.

En la inauguración, el secretario de la Cultura y las Artes, Roger Metri, comentó que la muestra y un libro dedicado a los expositores se estaban preparando para presentarse en el estado de Tamaulipas, cuando se consideró la conveniencia de tener la primicia en Yucatán en el marco del Festival Internacional de la Cultura Maya, aunque no se contara con el libro.

Cuando se publique, estamos seguros, será una joya editorial e importante referente de la plástica en nuestro estado. 

Aunque hay otros nombres que tienen un sitio destacado en nuestra pintura (pienso, por solo mencionar algunos, en Alonso Gutiérrez, aunque está más enfocado a lo “figurativo”, y en Ariel Guzmán), los diez maestros de esta muestra son plenamente representativos. 

Nos recibe la pintura de Juan García Ponce, pionero de la Generación de la Ruptura que abandonó el molde nacionalista y reinscribió la pintura mexicana en el arte moderno; y  lienzos de otro yucateco de esa generación proyectada al plano internacional, que desde que regresó a su tierra natal ha sido un factor clave en desarrollo de nuestra plástica y, hablando líricamente, “responsable” de vocaciones constantes y también diletantes: Gabriel Ramírez.

Nombres conocidos y reconocidos como el inolvidable Eduardo Ortegón, Celina Fernández, Ralph Walter, Francisco Barajas, Jaime Barrera y Roy Sobrino, coordinador de la exposición y promotor incansable de iniciativas valiosas.

Especialmente significativa es la presencia de Manuel González y Alberto Urzáiz, quienes regresaron a Yucatán en los setentas investidos de arquitectos pero con una vocación por la pintura que los ha llevado a ser esenciales  en nuestras artes visuales. Recordemos que con el impulso de Alberto y la participación cercanísima de Manuel González, Alonso Gutiérrez y Gabriel Ramírez, se creó en 1979 la Galería Akil, viento renovador y al mismo tiempo ventana y catalizador de la plástica en Yucatán y la pintura abstracta, casi marginal entonces. 

Lo abstracto, contrapunto de lo figurativo, busca en el color, la textura y la profundidad de los planos, el espacio en el que ocurren las emociones.

No un arte arbitrario, sino una experiencia vital que requiere un alto nivel técnico y cuya comprensión no radica en entender las imágenes como copia de la realidad.

“Un cuadro –decía el precursor Kandinski- surge de la necesidad interior, del  poder del espíritu; no de las formas externas sino de la sensibilidad”.

Como declaró Jaime Barrera, uno de nuestros pintores de la muestra, “la gente no debe temer a no entender y debe asistir y emitir simplemente un sí me gusta o no, pero que asista; ya encontrará un cuadro entre los 40 de la exposición que le guste”.

En esta época omnivisual, esta exposición es prueba de que el arte que se hace en Yucatán es de grandes vuelos. No se la pierdan.

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