23 de Octubre de 2018

Opinión

El PRI puede ser su pesadilla en 2018

Sin superar el garrotazo del cinco de junio tan lejano, el PRI es un partido que abandona la lona...

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Sin superar el garrotazo del cinco de junio tan lejano, el PRI es un partido que abandona la lona decidido a cocinar la especialidad de la casa: competir en todas las elecciones. El proceso de mediados de 2018 no está tan lejano que digamos, y los priistas se desenvuelven como crías de felino que con los ojos cerrados se desplazan en la madriguera, torpes al inicio pero decididos a asimilar las lecciones de sus madres para luchar por su existencia en ambientes tan hostiles.

Recordemos que los priistas fueron siempre los dueños de su destino, a grado tal que echaron por la borda el triunfo que tenían tatuado en el lomo. Ellos perdieron la gubernatura por los arrebatos suicidas del gobernador Roberto Borge, quien forzó el desprendimiento de Carlos Joaquín González y otras figuras de su partido, como el chetumaleño Luis Torres Llanes, Juan Ortiz Cardín y Miguel Ramón Martín Azueta.

Puedo comparar a aquel PRI de principios de 2016 con aquel “Dream Team” del baloncesto estadounidense que fue a los juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, arrasando con los ojos cerrados y convirtiendo en cascaritas la mayor parte de los encuentros.

La golpiza electoral –¿me permiten el término madriza? – fue provocada por actos insensatos que siempre evitaron los antecesores de Roberto Borge, tan curtidos en la competencia y siempre apaciguando con croquetas y alpiste a su oposición panista y perredista.

Hoy de nuevo los priistas son los dueños de su destino, y cuentan con seleccionados que pueden hacer la vida imposible a sus adversarios, porque es casi un hecho que PAN y PRD dejarán su romance por la paz para ser de nuevo dos extraños, tan débiles por separado.

Morena tiene como amo plenipotenciario al “Peje” Andrés Manuel López Obrador, pero este líder si bien puede ser el próximo presidente de la república no puede llevar en hombros a unos morenos tan anémicos y ahogados en el anonimato. Lástima de partido, tan sediento de figuras competitivas. 

El PRI competirá como acostumbra, sin acceso al billete del mundo pero aprovechando la debilidad de sus adversarios que deben sacar juego a estos meses para dar resultados y fortalecer sus figuras rumbo al encontronazo de 2018, cuando estarán en juego cuatro diputaciones federales, dos senadurías –una de ellas de primera minoría – y 11 alcaldías.

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