23 de Octubre de 2018

Opinión

El recurso del bien

El hombre desde que se constituyó para vivir en sociedad ha utilizado la política...

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El hombre desde que se constituyó para vivir en sociedad ha utilizado la política como valioso instrumento para la convivencia armónica. La política de la guerra comienza cuando termina la de la paz. En ella, naciones completas han utilizado el recurso de la política para describir un orden, pero también han justificado el espíritu represivo para salvaguardar el poder –sobre todo- del Estado. La política obedece su existencia al gobierno pero no es privativo de él. Ha trascendido a la familia, religión, moral, y en general a casi todas las ramas del pensamiento teórico e histórico de la humanidad.

Algunas veces se le ha malinterpretado con un yerro absoluto de ignorancia: “Grilla, “demagogia”, “simulación”, “corrupción” y hasta con el mal. Por ello  muchas veces se ha calificado el lado oscuro de la política: Vacía, estéril, muy lejana -por cierto- del arte de hacer el bien al prójimo.

En estos tiempos donde las sociedades han visto menguado el espíritu moral de los valores sociales, se muestra necesario y trascendental hurgar en el revisionismo histórico de los clásicos: Sócrates, Platón, Aristóteles, Marco Tulio Cicerón, Séneca. O los enciclopedistas franceses, Rousseau, Tocqueville, Descartes y pensadores, aún más modernos, de la talla de Hoobs, Maquiavelo, Comte, que construyeron tratados  filosóficos de la política, y aún en tiempos más cercanos: Nietzsche, Sartre, Habermas o Marx, que le aportaron al pensamiento rector de las sociedades la lucha por sus derechos.  

Las ideas sobre este tema trascendieron por siglos, reduciendo a las monarquías y  dictaduras a su propio exterminio y apresurando el surgimiento de  gobiernos democráticos, pero tambien totalitarios. De aquí emanaron movimientos sociales, que luego se convirtieron en guerras invasoras y revoluciones transformadoras.

Son muchos los ejemplos, donde el bien no ha estado del lado de la política. Y esto ha sucedido, principalmente, cuando los intereses entran en componendas o en reyertas, que ponen en la balanza al poder, inclinándola a su favor, porque la motivación de una negociación transformadora triunfa a pesar de que la política sufra una derrota. 

Las dos guerras mundiales  que (1914-1918 y 1939-1945) experimentó el mundo, fueron fracasos políticos de lesa humanidad, pero la ambición del poder no mostró esta cara, sólo dejó ver la de los vencedores, los mismos que se repartieron el mundo a su provecho y conveniencia.

El avance tecnológico que ha experimentado el orbe, en los últimos cien años, ha incidido en la política, para hacerla reaparecer en  “modernidad” y  “progreso” que -hoy- se concentra en el ámbito de las oportunidades en pocas manos y cubren las desventajas –que sufren- los países pobres. Hoy las sociedades se debaten en la miseria y naciones completas sufren hambruna letal.

En las religion, la política es el ingrediente de la sazón terrenal con lo divino. No se puede entender, en estos tiempos, una religión sin una feligresía activa que no tenga  participación política. Para ello la mercadotecnia está al servicio de los mensajes subliminales de la fe. La iglesia es el dogma sometedor y uniforme de una ideología religiosa, en una sociedad que se jacta de ser moderna, entonces, la política es el eje central del poder terreno para alcanzar la dimensión del cielo.

Reza un adagio popular: “La política no está hecha por ángeles, sino por mortales, en tanto es imperfecta y hasta quizá malévola”.  Pero si no la concebimos para buscar el bien colectivo, que esculpe en el corazón de los hombres la tarea bienhechora, estamos negando nuestra razón de ser: El humanismo y el amor. 

Quizá los tiempos que hoy nos tocan transitar la han involucionado para acomodarla a los intereses materiales  del espíritu que flota en el ambiente del tener, del adquirir, del poseer.

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