19 de Septiembre de 2018

Opinión

El reflejo en el espejo

El tren partió hace mucho tiempo, pero se detiene en cada estación para atiborrarse de pasajeros...

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El tren partió hace mucho tiempo, pero se detiene en cada estación para atiborrarse de pasajeros. Cada vagón es un mundo de ideas extrañas, convertidas en video, imágenes o frases, producto de una imaginación muy singular, o de una circunstancia que hoy nos parece ridícula. Ese es el tren de los memes… por no usar su verdadero nombre. 

La cargada digital, nosotros como usuarios de redes sociales, disfrutamos con las ocurrencias de los memes y su corta vida. 

Desde la primera vez que alguien nos hace ver lo divertido que son, pasando por la sobreexplotación en la red, hasta que otro toma su lugar en nuestro “timeline” y ¡boom! Se fue para siempre. 

Sin embargo, en ese proceso tan corto ocurre un hecho que escandaliza a las redes sociales: la intromisión de los medios tradicionales.

Dentro y fuera de línea, algunos enfrentan tiempos adversos por su modelo de trabajo, promoción y producción de contenido. 

Internet sepultó el esquema que tan bien funcionó hasta hace una década, pero algunos medios no han sabido trascender, evolucionar o adaptarse a la realidad digital, quedando relegadas al pueblo “fuera de línea”, y sólo por un bit, en el ostracismo. 

Para intentar salvarse, muchos programas caen en el recurso simple de presentar videos graciosos de YouTube, las tendencias en Twitter o los casos virales como la mamá Chewbacca o cantantes en el auto de James Carpool; situaciones que levantan un poco sus índices de audiencia y nada más. Lo bueno (para ellos) está cuando pueden apropiarse y potenciar un video viral o un meme de la vida real, para prácticamente arrebatárselo a las redes sociales, transformarlo y presentarlo en bandeja de plata para su audiencia fuera de línea.

Esto representa un éxito garantizado para el programa que se lleve al humano, animal o cosa a sus estudios, y también un certificado de defunción para el producto originalmente digital, pues si hay algo que molesta a los usuarios de redes sociales es cuando se trastocan sus productos, por más que sean tan ridículos como #XVdeRubí o chistosos como #LadyWuuu; o peor aún, cuando los combinan, porque fácil es notar que tanta publicidad a la fiesta de una niña en un pueblo perdido de San Luis Potosí, no viene de a gratis.

El evento será de un éxito sin precedentes, tanto que políticos de la talla de Eruviel Ávila se han subido al tren del meme sin importarle las críticas airadas de las redes sociales, para aprovecharse de una tendencia de redes sociales usando la ignorancia del público, misma que, aunque no nos guste vernos en ese espejo, es la misma que originó el meme. 

Lo que se ve no se juzga 


Lo más curioso de los memes recientes está intrínseco en #LadyWuuu y lo relaciona con el mismísimo Juan Gabriel. 

Prácticamente todo el país se ha reído con la emoción y respuesta de este singular fan de Menudo, tanto que nadie toma en cuenta que, primero, es un hombre, y segundo, uno al que las redes transformaron no en un “lord”, sino en un “lady”, sin más ni más, tal como hicieron en vida y obra del Divo de Juárez.

¿A quién le importa lo que sea mientras nos haga feliz? Lo cuestionable tal vez sea a quién debemos agradecer este atisbo de inclusión sexual… si es que se le puede llamar así.

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