24 de Septiembre de 2018

Opinión

El robo de cajeros

A tan sólo cuadra y media de la Procuraduría de Justicia del Estado un cajero automático...

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A tan sólo cuadra y media de la Procuraduría de Justicia del Estado un cajero automático fue arrancado de su base y hurtado por delincuentes, lo que nos da una idea de la audacia de los hampones que efectuaron el atraco en plena madrugada, sin que dos elementos de la Policía Estatal Preventiva detectasen la maniobra.

El cajero hurtado es propiedad de Banamex y contaba con cerca de 800 mil pesos, según fuentes de la Procuraduría. Huellas de neumáticos fueron descubiertas en el sitio, ubicado en las inmediaciones del DIF Estatal, en las cercanías de la sede estatal del PRI y de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos.  

Pero el robo de cajeros automáticos no es algo novedoso, lamentablemente. El dos de febrero de 2012 un grupo de encapuchados arrancó y se llevó un cajero automático de Bancomer, ubicado en el área del estacionamiento de la Secretaría de Educación, en las cercanías de la Plaza de las Américas. El cajero tenía un millón 300 mil pesos.

En esa ocasión los delincuentes sometieron a dos guardias de seguridad privada, quienes fueron amagados con armas de fuego. Los hampones no fueron capturados.

Apenas el 16 de febrero pasado los delincuentes se apoderaron de otro cajero de Bancomer, ubicado en la avenida Alvaro Obregón, a unos pasos del monumento al Comité Proterritorio. Estamos ante un modus operandi de hampones que tienen bien detectadas las vulnerabilidades de las corporaciones de seguridad pública.

Es urgente la necesidad de intensificar los patrullajes, colocando cámaras de vigilancia para facilitar las investigaciones, llegando incluso a identificar a los delincuentes. Pero en esta labor deben participar los gerentes de las instituciones bancarias, quienes dejan toda la responsabilidad en la esfera gubernamental.

Porque el saldo es negativo, precisamente en una capital del estado que por décadas estuvo al margen de ese tipo de atracos que ocurren contra toda lógica, aunque bien dicen que la ocasión hace al ladrón.

La cuestión de fondo es la vulnerabilidad de Chetumal en materia de seguridad pública, y por ello debe replantearse  un plan de acción donde participen tanto la Secretaría Estatal de Seguridad Pública como la Policía Municipal Preventiva.

De lo contrario serán cada vez más comunes estos robos repletos de audacia, cometidos por delincuentes que se desenvuelven convencidos de que el abrazo de la justicia nunca podrá alcanzarlos.

Chetumal debe recuperar sus niveles de seguridad pública que muchos recuerdan con añoranza, ya que eran ocasionales los delitos menores y todo el sur vivía en armonía. Cuestión de detectar lo que hemos hecho mal, aunque el flagelo del hampa es un fenómeno que castiga a la mayor parte del país. 

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