25 de Septiembre de 2018

Opinión

El tren y el Dragón en Cancún, aniversario 44

Quintana Roo es el principal destino turístico de México, y en su 44 aniversario acaba de recibir una de las enseñanzas más duras...

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Quintana Roo es el principal destino turístico de México, y en su 44 aniversario acaba de recibir una de las enseñanzas más duras: apostarle a proyectos coyunturales no garantiza su futuro, y sí, por el contrario, cuestiona su viabilidad como centro de desarrollo y hasta el rol del gobierno como conductor de las acciones de beneficio social.

Dos temas destacan: El cuestionamiento del proyecto Dragon Mart, dado que el Senado de la República exigió cuentas a dependencias como la Secretaría de Economía (SE) y la de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), para que emitan con claridad dictámenes sobre la posible afectación económica y ambiental, pues cámaras empresariales de todo el país han manifestado su oposición a la construcción, pues aseguran representará pérdidas económicas por dos mil millones de dólares por año.

La obra ha generado enfrentamientos entre organizaciones y actores políticos, aduciendo actos de corrupción para su edificación. Tanto que el mismo senador Félix González Canto, como “no queriendo” se ha desmarcado del mismo, aun cuando fue su principal impulsor siendo gobernador. Ahora en el 44 aniversario de Cancún el proyecto se debate entre la realización o no, sin que se conozca bien a bien el beneficio que se obtendría del mismo. Sólo especulaciones y opiniones divididas.

El otro tema es la postergación, sin mucho aspaviento, del llamado Tren Transpeninsular, cuya operación iniciará ahora, según se dice, después del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto. En esta columna adelantamos en febrero esa posibilidad, cuando destacamos los enconos que se generaron entre los empresarios por la definición final de la ruta; las reacciones sociales por las afectaciones a viviendas y tierras; y hasta la inactividad mostrada por las instancias locales quintanarroenses y yucatecas, que terminaron por generar que la autoridad detuviera los estudios de impacto ambiental encargados a la Semarnat.

El periodista Antonio Callejo, en su columna “Destripacuentos” publicada en Quintana Roo hace una relatoría interesante sobre los intereses oscuros que pudieran estar detrás de la postergación del Transpeninsular; entre otros el ex presidente Carlos Salinas de Gortari y la empresa Ingenieros Civiles Asociados (ICA), empresa que explota actualmente la única carretera de cuota de Cancún a Yucatán.

Si, se trata de la misma empresa que se encuentra en profundo entredicho por la construcción de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México, y que además hace unas semanas provocó un severo derrame de aguas negras en cenotes de Playa del Carmen, al romper tuberías en una obra carretera que realiza. Por cierto, al igual que en el Distrito Federal, existen señalamientos de  que la empresa pretende evadir su responsabilidad.

El Tren Transpeninsular fue parte de las “13 decisiones” presidenciales anunciadas por Peña Nieto el día de su protesta como titular del Ejecutivo federal; pero hace unos días, durante el Congreso de la Academia Mexicana de Ingeniería, el subsecretario de Transporte, Carlos Almada, hizo referencia sólo a dos de tres obras ferroviarias comprometidas por el gobierno federal para esta administración, lo que se interpretó como una postergación y ha generado un sinnúmero de reacciones entre los empresarios de Yucatán y Quintana Roo; aunque en definitiva ocurra lo que ya se preveía: que no habrá tren, y dragón pues depende de lo que digan las instancias federales.

Queda claro pues que, descansar en los hombros de la coyuntura u ocurrencia el futuro de una sociedad, representa sólo riesgos de viabilidad. Ojalá la lección esté bien aprendida, porque los empresarios pugnarán siempre por sus ganancias y el gobierno tendrá siempre la responsabilidad primera de atender a sus ciudadanos y generar desarrollo. Que las dos obras pues queden en el olvido; así se observa desde aquí, A Tiro de Piedra. Nos leemos en la próxima.

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