23 de Julio de 2018

Opinión

Elba: la explicación que nos debe el panismo

El desastroso estado de la educación pública en el país y el abuso y corrupción dentro del sindicato de maestros serán asuntos que llevará años enderezar

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Cada mes es un escándalo más: que si el sueldo de algunos maestros, que si las telesecundarias sin electricidad, las escuelas sin baños, las escuelas que no existen pero tienen presupuesto, las que no se dejan censar, los decenas de miles de maestros que cobran pero no enseñan, las colecciones de arte de Elba Esther, sus propiedades… Cuando no es el IMCO, es Mexicanos Primero, o simplemente los datos del Inegi y al rato los de PISA.

El desastroso estado de la educación pública en el país y el abuso y corrupción dentro del sindicato de maestros serán asuntos que llevará años enderezar. Si es que alguien quiere enderezarlos.

Habría que arrancar, sin embargo, por poner nombres y apellidos y responsabilidades de cómo llegamos a esto.

Aunque solemos pensar, por ejemplo, en Elba Esther como una figura clásica del corporativismo priista, la verdad es que fue durante las presidencias panistas en las que acumuló más poder y privilegios.

Elba se la jugó con Vicente Fox por el IVA en medicinas y alimentos, lo que a la postre le costaría su posición en el PRI; pero fue de ahí que cobijada por el gobierno lanzó su propio partido político. No es gratuito que el secretario de Educación del foxismo sea ilustre legislador del Panal. Olvidada por el PRI, el panismo en el poder le dio nueva vida.

Fue con Felipe Calderón con quien Elba vio sus mejores días. A cambio de una buena operación electoral, le fueron concedidos privilegios únicos. Vetó a dos panistas ilustres para ocupar la Secretaría de Educación Pública antes de aceptar a Josefina Vázquez Mota —por ser mujer—. Desde el sindicato construyó y firmó una política pública a su manera: la Alianza por la Calidad de la Educación. Terminaría peleada con Josefina, y Calderón optó por la lideresa sindical, quien siguió acumulando poder.

 “Sin los maestros no se puede cambiar la educación”, decían los panistas ante las críticas por su cercanía con Elba Esther, confundiendo a los maestros con la señora Gordillo.

Cuando analicemos con distancia los años de nuestra primera transición, la docena panista, creo que será esta relación, la del gobierno con el SNTE; una de las cosas más inexplicables y funestas del periodo.

Tal vez el próximo Presidente del blanquiazul podría arrancar dándonos alguna explicación.

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