16 de Diciembre de 2018

Opinión

Elecciones en julio

Los reformistas infalibles, cuando impulsaron la homologación de las elecciones descuidaron el pequeño detalle de la temporada de huracanes que inicia este 1 de junio...

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Los reformistas infalibles, cuando impulsaron la homologación de las elecciones descuidaron el pequeño detalle de la temporada de huracanes que inicia este 1 de junio para el Océano Atlántico, un tema que debe interesar mucho en Quintana Roo, donde se desarrolla un proceso electoral sumamente competido en ciertas zonas, y de trámite en otras, según el decir de muchos que podrían equivocarse.

Lo cierto es que esta temporada dificulta las labores proselitistas, y deja en el filo de la navaja al proceso porque puede presentarse al menos una tormenta tropical que mantenga a los electores en sus viviendas, dejando el campo libre a quienes alimentan el voto duro, creando las condiciones para un abstencionismo de pronóstico reservado.

Como se recuerda, hasta el proceso local de 2008 –para la elección de presidentes municipales y diputados locales– las contiendas se efectuaban el primer domingo de febrero, de tal forma que a fines de año iniciaba el proceso.

Si acaso la temporada decembrina obligaba a los candidatos a hacer una tregua, reactivando sus campañas a principios de año, hasta culminar con la cita con las urnas, sin amenazas ambientales.

Pero a partir de este hoy se instala el Comité Especializado en Caso de Huracanes, y a partir del 1 de junio puede desarrollarse cualquier fenómeno meteorológico.

Incluso, una tormenta tropical puede tener efectos sumamente indeseables, ya que puede inundar viviendas o cuando menos dejar las calles repletas de agua.

Los baches, combinados con una buena racha de lluvias, pueden generar el caos en zonas urbanas como Chetumal, pero además pueden dejar senderos intransitables en comunidades, donde hacer campaña será una tarea en verdad titánica.

Por lo pronto, ayer fue sumamente complicado hacer labor proselitista en la capital del estado y sus alrededores, afectando sobre todo a los candidatos que están tomando las cosas en serio, ya que por falta de dinero algunos andan haciendo actividades modestas, sin poder pisar el acelerador.

Pero incluso con sol a plomo, las campañas en el sur no impactan tanto porque está muy manoseado el costal de propuestas y promesas lanzadas por cada diputado en los procesos electorales, de tal forma que el potencial elector difícilmente se entusiasma.

En cambio, debiese interesarles más la campaña por la presidencia municipal capitalina, tomando en cuenta el estado en que se encuentra el ayuntamiento que ha estado en manos del PRI sin interrupción.

Y la opción de los debates no ha sido tomada en serio por los candidatos, y su excesiva reglamentación los convierte en algo insípido, nada atractivo para un electorado que aguarda otro ritmo en las campañas para participar activamente.

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