11 de Diciembre de 2018

Opinión

Elecciones: no tan evidente (3)

El descontento social con la política tiene su base fundamental en la insatisfacción con las condiciones materiales de vida de la mayoría de la población.

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La derrota del PRI en la mayoría de las recientes elecciones de gobernador ha generado euforia entre diversos sectores, en especial el panismo, la comentocracia y, en general, los escépticos de la política y los partidos. Se festeja el rechazo de la ciudadanía a malos gobiernos y se encomia su actitud crítica frente a gobernadores ineficaces o de plano corruptos. Este optimismo, me parece, no refleja la realidad.

El descontento social con la política tiene su base fundamental en la insatisfacción con las condiciones materiales de vida de la mayoría de la población: desempleo, subempleo, malos salarios e inseguridad laboral; mercado interno restringido y zozobra permanente de las pequeñas empresas; carencia de vivienda adecuada; malos servicios, incluyendo la seguridad pública, concentrados además en la población de mayores ingresos y, en fin, pérdida de esperanza en mejores condiciones de vida para sí y para la descendencia. Estos problemas, desde luego, pueden ser más o menos graves dependiendo de la calidad de los gobernantes, pero su causa de fondo es el modelo neoliberal imperante y la profunda desigualdad que está diseñado para generar. Este modelo no fue de ninguna manera impugnado por la gran mayoría del electorado que, por el contrario, votó masivamente por sus principales impulsores en México: el PRI, sector verde incluido, y Acción Nacional, pionero de la propuesta en el país. El rechazo a los gobernadores que encarnan la desigualdad profunda que maltrata cotidianamente al grueso de la población no llegó más allá. De esta forma, en medio de la sacudida política, las lacerantes condiciones de existencia de decenas de millones de compatriotas tienen garantizadas sus condiciones de permanencia.

Por su parte, la izquierda partidista no parece darse por enterada de la situación. Por un lado, el PRD acaricia cada vez con más entusiasmo la posibilidad de ir en alianza con el PAN a la próxima elección presidencial; por el otro, Morena tiene como única estrategia lograr la presidencia para Andrés López, rechazando de entrada un gran acuerdo con el PRD, el PT y Movimiento Ciudadano. Así las cosas, no deberá extrañar que, en lo económico y en lo político, ciudadanía y partidos trabajen juntos y con entusiasmo para que, en 2018, nada cambie en el país.

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