Embozados nocivos para la salud

A pesar que la mayoría de los manifestantes dieron muestras de civilidad, los virulentos de siempre (quizá unos 300 frente a más de 30 mil manifestantes) hicieron lo único que se les ordena hacer: fabricar una imagen de inestabilidad.

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“¡Sin capucha!, ¡sin capucha!, ¡sin capucha…!”, me platicaba Carlos Puig anoche, regresando de la Plaza de la Constitución.

Eso coreaban a los embozados que pretendían colárseles, me dijo, por lo que supuse que la concentración en demanda de justicia por el caso Iguala terminaría en paz.

Sin embargo, pese a que la mayoría de quienes marcharon dio muestras patentes de civilidad, los virulentos de siempre (quizá unos 300 frente a más de 30 mil manifestantes) hicieron lo único que la mano que mece su cuna les ha ordenado en los años recientes hacer: intentar fabricar para el mundo una imagen de inestabilidad y confrontación que precipite, como ayer se apuntó aquí, la sobada “polarización de las contradicciones” y tratar de sumir al país en el caos.

Más allá de las imágenes “apocalípticas” que proyectan de México, los estrategas del desastre no están tomando en cuenta un factor clave: al infundirle miedo, gran parte de la sociedad no verá con malos ojos que se abran las nefastas puertas de la represión…

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