25 de Septiembre de 2018

Opinión

¡Empenáchate!

Los mexicanos formamos parte de una cultura con notorias dicotomías...

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Los mexicanos formamos parte de una cultura con notorias dicotomías, por un lado exaltamos nuestras raíces prehispánicas y nos sentimos orgullosos de portar el estandarte azteca durante un encuentro internacional de fútbol soccer; pero a la vez el lejano pasado de la discriminación en contra de los descendientes de los habitantes originarios de esta nación, no ha podido superarse.

En México existen alrededor de 68 grupos indígenas y aproximadamente 85 lenguas habladas. Sin embargo, el 54.8 reconoce que a las personas se les insulta y discrimina por su color de piel y el 15 por ciento ha sentido que sus derechos no han sido respetados por esta misma razón. En este contexto llama la atención una campaña publicitaria impulsada por el grupo Parque Xcaret de la Riviera Maya, denominada “Ponte el Penacho” (en alusión al vistoso tocado de plumas, piedras preciosas y oro que se presume perteneció al emperador azteca Moctezuma y que desde hace años se encuentra en un museo de Viena, Austria, siendo objeto de múltiples requerimientos diplomáticos para que retorne a suelo patrio, sin lograrlo) y que tiene como finalidad “enaltecer el orgullo mexicano por los grandes valores de nuestra cultura nacional, entre ellos su propia gente”, lo cual es plausible.

La campaña tiene como eje central un video que devela el esplendor del México antiguo e invoca sus valores como elemento fundamental de nuestra identidad. No obstante, dos cuestiones fundamentales deben acompañar a dicha iniciativa; ofrecer información veraz y actualizada para desmitificar el halo de misterio y revanchismo que envuelve al Penacho de Moctezuma, es decir, conforme a las últimas investigaciones realizadas, que quizá éste no perteneció al emperador azteca y que el mismo llegó a España y de ahí a Viena como parte de un envío de regalos que realizó el conquistador Hernán Cortés a la Corte, para impresionar sobre la majestuosidad del reino indígena. No llegó a Viena como producto de un robo y por lo mismo tampoco existe la obligación estrictamente legal de devolverlo. Pero lo más importante, los mexicanos que se pongan el penacho de manera virtual, deben hacerlo también de corazón, porque realmente se sientan orgullos de sus raíces autóctonas, sin distingos de su color de piel, origen étnico o condición social. No olvidemos a Octavio Paz que escribió en su Postdata, como continuación de El Laberinto de la Soledad lo siguiente:

“El otro México es pobre y miserable, además, es efectivamente otro. Esa otredad escapa a las nociones de pobreza y de riqueza, desarrollo o atraso: es un complejo de actitudes y estructuras inconscientes que, lejos de ser supervivencias de un mundo extinto, son pervivencias constitutivas de nuestra cultura contemporánea. El otro México, el sumergido y reprimido, reaparece en el México moderno: cuando hablamos a solas hablamos con él; cuando hablamos con él, hablamos con nosotros mismos”.

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