28 de Mayo de 2018

Opinión

Empepinados

La semana pasada, en escasos tres o cuatro días, por lo menos cuatro personas dedicadas a la captura del “pepino de mar”, entre ellos un menor de edad, de 16 años, perdieron la vida.

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La semana pasada, en escasos tres o cuatro días, por lo menos cuatro personas dedicadas a la captura del “pepino de mar”, entre ellos un menor de edad, de 16 años, perdieron la vida. El último difuntito murió, no en el mar, sino en un accidente cuando viajaba en una moto. Un carro se le atravesó y lo mandó al más allá. De todas formas, este chavo se dirigía a pescar el “equinodermo”, tan anhelado y consumido en los mercados orientales, dizque por sus propiedades afrodisiacas para no fallar al momento del “prau prau”.

Desgraciadamente, las necesidades económicas de los pescadores o de los principiantes en el negocio de la captura de especies marinas, son muchas. En estas épocas, simplemente la plata escasea y los jefes de las familias se ven obligados a trabajar en lo que sea.

Y, por supuesto, con la licencia autorizada por las autoridades pesqueras federales y estatales para la pesca del “pepinillo”, pues cientos de personas se lanzan en su búsqueda para, después, revenderlo en el mercado negro por una buena dosis de pesos. Con chance sacan, en una buena jornada, hasta 5 mil pesitos diarios, lo que no hacen con la captura de otras especies tradicionales como el mero y la langosta.

En efecto, aquí se nota la necesidad, pero también se presenta el gran desafío de sumergirse varios metros, hasta unos 50, para sujetar el “pepino de mar” y llevarlo a la superficie. Sin embargo, la gran mayoría de los pescadores efectúa su labor de manera artesanal, sin el equipo necesario y adecuado, con la fuerza de sus pulmones. Pero si, además de este esfuerzo por laborar, se le suma que esos “buzos”, desde días antes están bien “crudos” por sus continuas parrandas, entonces la desventaja contra el mar es más que obvia.

Es entonces cuando ocurren las desgracias. Por ejemplo, en la muerte del chavillo de 16 años de edad, nadie le advirtió al jovenazo que no era nada recomendable hacer actividad marítima terminando de comer. Falleció por una horrenda congestión alimenticia. Otros dos pescadores, a riesgo de su vida –la que, al final, perdieron-, se sumergieron sin el equipo adecuado y se descompresionaron. Ni las cámaras hiperbáricas te salvan.

PRIMERA CAIDA.- Urge regular todavía más esta actividad, la cual es motivo de lucro para intermediarios y contrabandistas pesqueros, muchos de ellos yucatecos.

SEGUNDA CAIDA.- Es sólo un poquito de conciencia. Si bien es cierto que los pescadores andan desesperados por contar con el dinero suficiente para mantener a sus familias y, en estas épocas, comer algo diferente a pescados y mariscos, además de comprarle regalitos a las esposas, hijos y chance a los “segundos frentes”, lo mejor es que guarden también paciencia. Si no están capacitados para la pesca del gusano espantoso, entonces es mejor conservar la calma y dedicarse a otra cosa, aunque no deje la misma entrada de dinero, pero ahora sí que se preservarán decenas de vidas.

TERCERA CAIDA.- En estas fechas, todo con cuidado y sin excesos. Es mucho mejor. Felicidades.

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