En agonizante silencio...

A veces soy quien se encuentra ausente en su ausencia, con las sombras pegadas a la pared, las horas jugando ajedrez.

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A veces soy quien se encuentra ausente en su ausencia, con las sombras pegadas a la pared, las horas jugando ajedrez, y su estrepitoso recuerdo subiendo por las escaleras. A veces, soy yo quien desaparece, porque todo lo demás es silencio, un interrumpible y agonizante silencio: esa conspiración inaudible, esa muda manifestación que sin palabras cubre el alma, la sofoca, la toma en rehén… y todo en silencio. Así es cuando no está. No estoy.

Cuando no está me deja sola con la nostalgia y la tristeza haciéndome compañía, con las ganas estrujándome el corazón y el momento, siempre incierto, seduciéndome la razón. Cuando no está, me consumo lentamente, como la última luciérnaga del invierno, como las brasas que, junto al mar, miran el cielo amanecer entre ráfagas de viento. Como el amor en aquel desganado beso.

Cuando no está, dejo que el tiempo me desgaste, que el cielo se disfrace de luna miles de veces, que el viento me traspase, que las olas se vuelvan espuma contra mi cuerpo, que la lluvia se vuelva sal, que su nombre se vuelva recuerdo; dejo que la vida pase, y todo en silencio.

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