17 de Diciembre de 2017

Opinión

En contra de las mujeres

En nuestro México moderno existen cientos de organizaciones de la sociedad civil que contribuyen con su lucha pacífica para el bienestar de los grupos vulnerables

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Este 25 de noviembre, como desde 1999, la comunidad internacional, por acuerdo de la Asamblea General de las Naciones Unidas, recuerda el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer.
Un recuerdo muy triste, doloroso, si nos remontamos al tristísimo episodio que diera origen a esa decisión de la ONU: 1960, tres hermanas, Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, activistas políticas de la República Dominicana, fueron brutalmente asesinadas por orden del entonces gobernante dominicano Rafael Leónidas Trujillo. Junto con las tres hermanas fue asesinado el chófer que las conducía.

Doloroso, sin duda alguna, pero más doloroso es saber que ahora, en 2012 el secretario general de la ONU pronunció las siguientes palabras: «Millones de mujeres y niñas de todo el mundo son agredidas, golpeadas, violadas, mutiladas o incluso asesinadas en lo que constituyen atroces violaciones de sus Derechos Humanos. [...] debemos cuestionar en lo fundamental la cultura de discriminación que permite que la violencia continúe. En este Día Internacional, exhorto a todos los gobiernos a que cumplan su promesa de poner fin a todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas en todas las partes del mundo, e insto a toda la población a que apoye este importante objetivo»

Todos los días, a través de los medios de comunicación, electrónicos o impresos y a través de internet nos enteramos de dolorosos episodios domésticos, es decir, en nuestras comunidades de origen y en otros sitios allende los mares de excesos de violencia en contra de mujeres de todas las edades y la reflexión es que poco o nada hemos avanzado para eliminar la violencia, no sólo del camino de las mujeres, sino de todos los sectores de la población, especialmente de los considerados vulnerables, como las personas de la tercera edad, discapacitados, niñas y niños etc.

Es en este punto en donde debemos realizar un profundo análisis de conciencia y ver en la encrucijada del camino la dirección que hemos de seguir como individuos, como sociedad, como seres humanos.

Ante los horrores cotidianos en contra de nuestros hermanos y hermanas no podemos pensar que todo está perdido, que la batalla la ha ganado el mal sobre el bien.

Si damos un vistazo a nuestra historia, podemos comprobar que la vida de muchos países y consecuentemente de sus ciudadanos, ha cambiado para bien. En México, antes de la Revolución Social las injusticias estaban a la orden del día y puede decirse que imperaba la ley del más fuerte.

En nuestro México moderno existen cientos de organizaciones de la sociedad civil que contribuyen con su lucha pacífica para el bienestar de los grupos vulnerables; las leyes han mejorado, y espero que seguirán haciéndolo, como en las recientes reformas en las que nuestra Constitución Política tutela los Derechos Humanos que antes eran considerados garantías individuales.

Hay que reconocer que nos falta mucho por hacer para eliminar de una vez por todas el imperio del mal.
Sí, falta mucho por hacer, pero ese faltante está en cada uno de los hombres y las mujeres que conforman nuestra sociedad. Somos todos y todas quienes debemos de hacer un esfuerzo, tanto individual como colectivo para lograr que el mandato de la ley siga siendo garante del Estado de Derecho en el que nos desenvolvemos y como tal desterrar de una vez y para siempre la violencia que tanto mutila a la sociedad mexicana.


No pretendamos cambiar al mundo, si nosotros mismos no estamos dispuestos a cambiar, a entender que siendo mejores y retomando el camino de los valores, de la dignidad, la paz, la solidaridad, la honestidad, etc., lograremos cambiar nosotros mismos y a nuestro mundo interior y seremos como el granito de arena que conformará la playa inmensa del respeto al derecho propio y consecuentemente de los demás, por una vida libre de violencia.

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