15 de Octubre de 2018

Opinión

En Salud y Educación se hacen de la “vista gorda”

Se supone que esta es la vencida. “A partir de marzo, la venta de alimentos chatarra quedaría prohibida en las escuelas”...

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Se supone que esta es la vencida. “A partir de marzo, la venta de alimentos chatarra quedaría prohibida en las escuelas”, aseguró hace pocas semanas Pablo Kuri Morales, subsecretario de Prevención de la Secretaría de Salud federal.

Lo cierto es que en la mayoría de los planteles en Quintana Roo desconocen la medida, una de tantas impulsadas para combatir la mala alimentación y el sobrepeso en escolares.

Hasta el último día de febrero seguían vigentes los “viernes de tiendita” y apelativos similares, tan normales en las escuelas que prolongan así el fin de semana “de relax”.

Aunque esta -es de enfatizarse- tendría ya carácter obligatorio, pues hubo una modificación al Artículo 3 Constitucional con la cual queda establecida la prohibición de proporcionar alimentos sin contenido adecuado nutricional.

Es importante la estrategia para combatir el problema en México, al registrar obesidad y sobrepeso en siete de cada 10 adultos, así como en tres de cada 10 niños. Ya ni hablar de los enfermos por diabetes y problemas asociados, cifra que se dispara a niveles escandalosos.

En ese contexto deben recordarse acciones como “Ponte al 100” o “Chécate, Muévete, Mídete”, a fin de fomentar la activación física, que no resultan suficientes.

Los programas han quedado en buenas intenciones. La culpa, sin embargo, no solamente es de los maestros o los tenderos. El problema empieza en casa.

Un rol deficiente de las familias en inculcar conductas alimentarias responsables en los niños, un sedentarismo cada vez más extendido y campañas educativas insuficientes son algunos de los factores que explican también esos altos niveles.

Esas cifras implican serios riesgos, ya que la condición física los expone a desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer.

Además es una importante sobrecarga para el sistema de salud por los daños colaterales. De seguir así, no habrá erario ni hospitales que aguanten, por ello es vital la prevención.

Si bien se trata de un fenómeno global (estudios indican que en el mundo más de 500 millones de personas son obesas), los indicadores registrados aquí han crecido de forma alarmante. Asumiendo esta triste realidad, resulta fundamental adoptar medidas integrales, a largo plazo y con responsabilidades compartidas.

No bastan los programas. Eso está claro. No han funcionado como se quiere las medidas orientadas a generar hábitos y conductas saludables, ni el aumento de horas de educación física, ni los cursos dirigidos a mentores, ni los rotulados en los productos, ni la publicidad visual.

Ninguno será suficiente si no existe el compromiso incondicional de los padres por educar a sus hijos de forma sana, que practiquen deporte y se informen a tiempo de los peligros por su pésima condición física.

Una completa formación familiar en esta materia, más programas integrales y planes de estudio que refuercen esas conductas, son herramientas fundamentales para romper la tendencia negativa.

Esperemos que en marzo, ahora sí, cumplamos parte del objetivo.

Desorbitado…

Los funcionarios de Salud se congratulan porque algunos estudios ya no sitúan a México en el primer lugar de obesidad infantil. Claro, otros análisis lo mantienen en el sitial del deshonor. Pero por momentos ellos parecen satisfechos con haber cumplido parte de la tarea. No. Falta mucho por hacer y, mientras el país figure entre los primeros diez o veinte, debe entenderse como una lucha perdida.

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