16 de Octubre de 2018

Opinión

Esperanzas infantiles para un mundo mejor

Todos los niños que participaron en el Concurso de Cuento son triunfadores, porque los trabajos entregados demuestran su interés en dejar constancia.

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El pasado día 7, en la Biblioteca “José Martí”, del Parque de las Américas, realizamos la premiación del Octavo Concurso de Cuento Infantil “Había una vez un Derecho”, con la satisfacción de saber que la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán ha sostenido un fecundo esfuerzo para promover entre las niñas y los niños de nuestro Estado no sólo el gusto por la Literatura y la creatividad literaria, sino también por el conocimiento y defensa de los Derechos Humanos.

En esta ocasión recibimos un total de 756 relatos de niñas y niños, 298 en la categoría A, de primero al tercer grados de la instrucción Primaria y 458 en la categoría B, del cuarto al sexto grados de la misma instrucción, lo que nos da una idea del trabajo intenso que desarrolló nuestro Jurado Calificador que en esta ocasión lo integraron, en la Categoría A, nuestra consejera  LEP Marcia Nohemí Lara Ruiz, la Lic. Celia Pedrero Cerón, Lic. Jacquelina Vázquez Canul, Lic. Leticia Fernández y la Mtra. Reyna Ojeda Estrella. 

En la Categoría B, contamos con el auxilio del Abog. Sergio Salazar Vadillo, Antrop. Karla Caballero Negrón, Dra. Kenia del Carmen Suaste Briseño, Antrop. Hilaria Maas Collí y Lic. Cándida Dzib Colorado, a todas y todos ellos nuestro agradecimiento por su invaluable labor. Al igual que a la Lic. María de Lourdes Peniche Zapata, subsecretaria de Fomento a la Lectura y el Fondo Editorial de la Secretaría de la Cultura y las Artes.

También me gustaría dejar constancia del trabajo que hacen las y los maestros para apoyar a sus alumnos y sacarlos adelante, pese a la carga de trabajo con sus labores docentes y administrativas.

Los premios a que se hicieron acreedores fueron en vales para juguetes y material escolar, por mil pesos para el tercer sitio, 1,500 para el segundo y 2,000 para el primero. Las menciones honoríficas recibieron 500 pesos en vales y las escuelas cuyos alumnos obtuvieron el primer sitio, mil pesos en vales para material didáctico.

En la categoría A obtuvieron el triunfo Ana Camila Osorno Zozaya, primer lugar, de la escuela “Sara Buenfil”, de Petcanché; Segundo sitio: Héctor Alejandro Magaña Pavón, del mismo centro docente y el tercer sitio fue para Kenli Marentzi Cox Tello, de la escuela “Manuel Cepeda Peraza”, de Yaxcabá. Las menciones honoríficas fueron para Dafne Isolina Rodríguez, de la “Sara Buenfil”, Petcanché y Adner Mixel Madera Calix, de la escuela “Emilio Portes Gil”, en la colonia del mismo nombre. 

El primer sitio en la categoría B fue para Camila Aguirre Barquet, de la “Sara Buenfil”; el segundo para Gabriela Yazmín Dzul Matos, de la escuela “Francisco I. Madero”, de Valladolid y el tercero, para Víctor Ramón Vior Medina, de la primaria “Sara Buenfil”. En esta categoría recibieron mención honorífica María José Puc M., de la escuela “Abelardo Conde Ruz”, de Nabalam, Tizimín; Miriam Carolina Cab Canul de la escuela “Ignacio Allende” de Dzidzilché, Mérida y Gael Alejandro Muñoz, nuevamente de la “Sara Buenfil”.

Desde luego que, desde mi modesto punto de vista, todos los niños que participaron son triunfadores, porque los trabajos entregados demuestran su interés en dejar constancia, su punto de vista, en algunos problemas que pueden afectarlos a ellos o a personas que conocen y que saben que han sufrido algún contratiempo que desde su óptica infantil violenta los Derechos Humanos. Lamentablemente, los premios son muy pocos, y a juicio del Jurado Calificador, fueron entregados a quienes, se merecieron el triunfo.

El mensaje para estos pequeñines, triunfadores o no es que no desmayen en su tarea de ser relatores de lo que para ellas y ellos es importante, porque hoy son los diamantes en bruto que acaso mañana iluminarán el Parnaso mexicano, con las bases sólidas que hoy abrevan en sus centros docentes, para manejar adecuadamente el idioma.

Mi mejor deseo es que sigan por el camino de la producción literaria y contribuyan a hacer realidad esa óptica infantil, que hoy transformó en un canto de esperanza, para una vida mejor, al relatarnos esos cuentos de terror que para niñas y niños puede afectar su mundo de inocencia al contemplar las violaciones a los Derechos Humanos, pero que transforman, y ese fue el común denominador en los relatos, en un canto de esperanza, de fe en un futuro promisorio en valores y dignidad, para que nunca más sean violentadas las prerrogativas de los seres humanos… y mucho menos las de una niña o un niño…

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