26 de Septiembre de 2018

Opinión

Fe

¿Qué sucede detrás del velo, imaginándolo como una tela muy delgada que no nos permite ver nítidamente lo que hay y se mueve del otro lado?

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¿Qué sucede detrás del  velo, imaginándolo como una tela muy delgada que no nos permite ver nítidamente lo que hay y se mueve del otro lado, del que sólo podemos percibir formas vagas?

Correr o trasponer el velo no quiere decir quitarlo, equivale a penetrar a través de él a ese campo inexacto para nuestros  sentidos tridimensionales, pero que podemos contemplar cuando logramos agudizarlos mediante disciplinas que generan vibraciones más altas  y entonces percibimos ese otro mundo, esa parte de la creación que sabemos pero que no frecuentamos conscientemente con regularidad.

Los medios que nos permiten acceder a esas elevaciones de conciencia son: la oración, la meditación, el canto de mantras, las músicas y los inciensos, entre otras prácticas más o menos sofisticadas. Pero sólo podremos acceder  a esas dimensiones si contamos con un indispensable pasaporte: la  FE.

Y cuando ya lo tengamos suficientemente fortalecido y sellado con las visas requeridas, entonces podremos realizar incursiones en esa maravillosa dimensión  donde la música, la fragancia de los inciensos o  sentarnos a observar una imagen nos permitirá el entendimiento de cosas que fuera de estos estados de conciencia es imposible.

No es indispensable el incienso, la música ni estar sentado frente a una imagen, o todo junto, para lograr altos niveles de vibración, pero sólo cuando está presente un profundo e inamovible sentimiento de… FE, lograremos elevar la conciencia. Sin FE, de nada sirven el incienso, la música, los mantras, ni la imagen. 

Es loable el esfuerzo y la enorme humildad del PAPA para venir desde tierras lejanas a establecer una comunicación física visual que seguramente lo transportó a elevados niveles de conciencia para acrecentar la sabiduría requerida en su labor pacificadora.

Hacer largos viajes a lugares santos o postrarse ante una imagen como la de la Morenita del Tepeyac, para quien tiene FE, puede ser una experiencia fortalecedora imposible de describir.

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