11 de Diciembre de 2017

Opinión

Última llamada en el PRD

La relación de encumbrados por el partido con el crimen organizado no es lugar común, pero no se limita a Iguala, tampoco al grupo en control del partido.

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El asesinato y desaparición de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa ha abierto una herida profunda, quizá fatal, en el PRD. De las múltiples responsabilidades legales y políticas que convergen en la tragedia, las del PRD y su dirigencia son, por mucho, las de mayor peso. Estudiantes en el DF pueden regocijarse con “mueras” a Peña Nieto y exigencias de renuncia, pero la responsabilidad del alcalde de Iguala y la de su esposa apunta hacia otro lado: el PRD y el gobernador del PRD.

La relación de encumbrados por el PRD con el crimen organizado no es lugar común, pero no se limita a Iguala, tampoco al grupo en control del partido. Leonel Godoy en Michoacán fue un absoluto desastre para la vida institucional de la entidad. Fausto Vallejo sometido a La Tuta es la consecuencia. La elección de gobernador la decidió el grupo criminal quien ya había controlado la seguridad pública, la economía y, en varias formas, el poder político. La magnitud del problema llegó a la fracción parlamentaria y tocó también a hombres probos como Alejandro Encinas, quien involuntariamente se volvió tapadera del medio hermano del gobernador, César Godoy, un diputado federal asociado al crimen organizado.

No fue una encuesta la que llevó a Abarca a la candidatura del PRD a la presidencia municipal de Iguala, fue su poder económico y la aquiescencia de los más influyentes del PRD nacional. No hay claridad sobre el vínculo de Ángel Aguirre con José Luis Abarca en tiempos de campaña; pero no hace falta para imputarle responsabilidad; no es posible que las autoridades estatales no estuvieran al tanto de las ostensibles acciones y relaciones criminales del alcalde y de su esposa.

Ángel Aguirre, senador por el PRI y gobernador en tiempos de hegemonía del PRI, fue postulado por el PRD para ganar la gubernatura. De la mano lo llevó Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del DF, con el rechazo abierto de López Obrador. El pragmático objetivo de ganar votos y aliados hace ignorar principios y valores. Por esa misma inercia se recompuso la influencia del alcalde y del gobernador ya en la elección federal de 2012, casi un año y medio en el ejercicio del poder y cuando ya eran evidentes los modos y relaciones de uno y otro. Por eso el gobernador Aguirre, cuando arrecia la presión en su contra envía a la jauría al aliado de López Obrador en Guerrero, el secretario de Salud, según esto, por haber sido el promotor del alcalde entonces prófugo.

Cuauhtémoc Cárdenas ha alzado la voz y sensible a la magnitud del desastre en el PRD pide el retiro del actual dirigente, Carlos Navarrete, quien a horas de haber tomado posesión salió en defensa de Ángel Aguirre. Favor con favor se paga, sin advertir la magnitud del error al confirmar el señalamiento del triángulo Los Chuchos, Aguirre y Abarca. Carlos Navarrete firmó su debacle. Alejandro Encinas también ha dicho que el grupo en control del PRD pretendía llevar a la Cámara al alcalde y a su esposa a la presidencia municipal.

Para algunos el PRD está herido de muerte. Es posible, sobre todo, si Cuauhtémoc Cárdenas decide retirarse del partido. El PRD tiene mucho: subsidio, militancia, alcaldes, gobernadores, diputados y senadores, pero esos activos se renuevan en cada elección. La suerte del PRD en comicios no la ofrece el partido, sino la fuerza del candidato presidencial que postula. Además, las reglas del juego electoral que definió el PAN le son adversas.

Otro error de Carlos Navarrete ha sido no saber lidiar con Cárdenas cuando la dirigencia es más vulnerable. Cuauhtémoc acredita lo que casi todos los políticos carecen: convicciones y congruencia, además de una notable y ya legendaria persistencia. Navarrete puede quedarse en el partido si así lo decide bajo la temeraria apuesta de que la elección de 2015 habrá de revitalizarlo. El problema es que, conforme pasa el tiempo, el grupo dominante se va quedando solo y un resultado adverso sería la puntilla para el PRD, no solo para los dirigentes.

Lo que debiera ocurrir difícilmente sucederá: un acuerdo de Los Chuchos con Cuauhtémoc Cárdenas para dar espacio a una refundación del PRD a la luz de la competencia que les representa Morena y los efectos nocivos por el pragmatismo en la negociación con el poder o con los adversarios.

El martes será un día crucial. Cuauhtémoc demandó que su encuentro con Carlos Navarrete fuera público. Es evidente que el líder moral del PRD no quiere transitar al inventario de los arreglos y componendas que han caracterizado a Los Chuchos. Su postura no solo es firme, también inamovible. Todo es cuestión de tiempo. Navarrete tendrá que irse antes o después de la elección, especialmente si es el caso, como se anticipa hasta en Michoacán, que el deterioro del PRD a todos alcanza.

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