12 de Diciembre de 2017

Opinión

Como el ave Fénix

Noches de sufrimiento indecible y abandono emocional lastimaban su alma, refugiada en los hijos la vida se le iba sin esperanza...

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Mucho se ha hablado a través de la historia del ave Fénix, con un plumaje de color rojo encendido, era consumida por el fuego cada 500 años para resurgir de entre sus cenizas plena de vida y de gloria; fabuloso ser cuyas lágrimas tenían la virtud de ser curativas; identificado con la inmortalidad, la purificación, el renacimiento físico y espiritual, su simbolismo ha perdurado a través de los siglos.

Pensé en una niña de 12 años que sufrió un intento de violación por parte de un pariente cercano. Sin saber qué hacer guardó en el silencio de su corazón la afrenta y el dolor; al crecer, su rechazo a los hombres le generó unos conflictivos y escasos noviazgos. 

La bestial brutalidad del ataque le había marcado su espíritu, impactado la carne y secado la fe en los hombres; prácticamente obligada por su madre se casó con alguien que muy pronto le demostró que debía seguir desconfiando de los hombres: su esposo con una amante y dos hijos fuera del matrimonio se lo hizo saber.

Noches de sufrimiento indecible y abandono emocional lastimaban su alma, refugiada en los hijos la vida se le iba sin esperanza a través de los años, acercamientos deshonestos de otros hombres la sumían aún más en su soledad, hasta que un día comenzó a encontrar la luz al final del larguísimo túnel de tantos años.

Se aceptó a sí misma con virtudes y defectos, perdonó como era perdonada y se olvidó de encontrar la gran felicidad dedicándose a paladear las pequeñas felicidades que cada día se le ofrecían  y saliendo de su propio dolor se dedicó a servir a los demás y, qué cosa más extraña, encontró que podía dar a los demás lo que no tenía: felicidad.

Seca y desierta emocionalmente a través de tantos años, sin poder reír desde el corazón, por fin fue recuperando sus emociones, de nuevo regresaron a sus ojos las lágrimas que por años se habían negado a salir, lloró todo lo que había acumulado y al final pudo volver a sonreír ante las pequeñitas alegrías de cada día; en el servicio a los demás encontró que al hacerlos felices, ¡oh maravilla!, iba encontrando trocitos de felicidad que le alegraban los días, las tardes y las noches.

¿Qué había logrado hacer esta mujer para recuperar lo que le había sido robado? Cosas lógicas y sencillas pero muy difíciles de hacer vida real desde el sufrimiento; en primer lugar comenzó por aceptar sus propios defectos, comprender sus errores, enfrentarse a sus propias miserias le hizo comprender las limitaciones de los demás.

En segundo término, reconocer sus virtudes y comprender que todo eso que de valioso tenía en el alma y el cuerpo debía ser reconocido por ella misma, debía disfrutar su propia riqueza, su propia belleza, agradecer por la bendición de ser ella con esa enorme carga de amor que la formaba.

Su tercera decisión fue dejar de buscar la gran felicidad y concentrase en poder disfrutar de una tarde de música, dejar caer el cuerpo al césped mientras oía las risas de los niños en el parque, caminar lentamente con su hija bajo la lluvia, contemplar la sonrisa de sus pequeños alumnos, poder ver los logros de su hija en la escuela, disfrutar del aroma del pan recién horneado. 

Este perseverar en  vivir en positivo, constantemente, día a día, tarde tras tarde, fue lo que permitió elegir ser feliz por encima de todo lo que la tiraba hacia abajo, porque eligió ser feliz la felicidad se coló por todas las ventanas de su vida.   

El cuarto punto fue convivir, convivir y convivir. Se dio cuenta de que si bien en ocasiones, como Jean Paul Sartre decía, el infierno son los otros,  cosa que ella había experimentado hacía muchos años, también el cielo eran los otros, que el ser humano se realiza en la convivencia limpia con los demás; en la relación desinteresada es donde las personas se hacen más humanas y en esta relación encontraría la felicidad tan elusiva durante todos esos negros años.

Finalmente decidió pagar sus deudas, sí esas deudas de amor que tenía con la gente que también le había brindado cariño y apoyo, porque es cierto que aun en las horas más difíciles también hubo ángeles que la habían ayudado sin interés alguno y su pago era ayudar a aquellos que, como ella, necesitaban de una mano que los apoyara para levantarse de sus desgracias y dificultades.

Hermosa leyenda la del Fénix, más hermosa la vida de mi amiga que tanto mal recibió y que se ha vengado del mal haciendo el bien; bendita el ave Fénix que todos los seres humanos llevamos en nuestro interior.

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